domingo, 21 de mayo de 2017

Hace 75 años - 21 de mayo de 1942 - Segunda Guerra Mundial - Victoria japonesa en Birmania

Hace 75 años
21 de mayo de 1942
Segunda Guerra Mundial

Victoria japonesa en Birmania

El 16 de mayo entra en operaciones el 112º Escuadrón de la Real Fuerza Aérea Australiana. Sería la primera unidad de “Kittybombers”, es decir, cazas “P-40 Kittyhawk” modificados para cargar una bomba de 300 kilos y poder realizar apoyo aéreo estrecho en el Desierto Occidental. Gradualmente los Aliados van equilibrando el dominio de los aires, gracias al inmenso aporte de la industria norteamericana y a la recuperación de una Gran Bretaña que ya no está limitada a luchar sólo por la sobrevivencia. Sin embargo, los aviadores aliados todavía tienen grandes desafíos por delante. El 16 de mayo, el “as” de la “Luftwaffe”, Hasn Joachim Marseille alcanza su derribo número 60. Marseille es fuera de serie, pero es ejemplo de lo peligrosos que pueden llegar a ser los pilotos alemanes, incluso en condiciones de inferioridad.

La Batalla del Estrecho de Kerch sigue mal para los soviéticos. El 16 de mayo, los alemanes capturan la ciudad del mismo nombre. La retirada del Ejército Rojo se transforma en una evacuación, que intenta salvar tantas tropas y material de guerra como sea posible, de otra gran rendición masiva. Un poco más al norte, en Jarkov, Ucrania, la ofensiva del 28º Ejército Soviético es definitivamente detenida por los alemanes. Sólo el 18 de mayo, los rusos, mal mandados y poco motivados, pierden 130 tanques, muchos de los cuales son abandonados por sus tripulantes tras breve lucha. El 19, Iosif Stalin da permiso de retirada a Semión Timoshenko, cuyas fuerzas están amenazadas de quedar encerradas en un movimiento de tenazas de las divisiones “panzer”.

Japón sigue avanzando en Birmania. El 15 de mayo de 1942, columnas británicas en retirada ya han sido empujadas hasta la frontera noreste de la India. Para el 18 de mayo, la mayor parte de las tropas británicas en retirada han debido retirarse tras la frontera del “Raj”. El 20 de mayo, las últimas tropas indias y británicas han abandonado Birmania, que puede considerarse conquistada por los japoneses, ayudados por sus aliados tailandeses y el pequeño ejército local que ayudó a los nipones, como una oportunidad de obtener la independencia del Imperio Británico.

Birmania fue anexada por los británicos durante el siglo XIX. Fue gobernada como parte de la India hasta 1935, cuando se convirtió en una dependencia aparte. Los planes de defensa del territorio no habían considerado la posibilidad de estar en guerra al mismo tiempo con Alemania y con Japón, de modo que, al producirse el ataque japonés de diciembre de 1941, el general Thomas Hutton, comandante del Ejército de Birmania, sólo contaba con dos divisiones para defender la colonia, aunque iba a recibir ayuda de los chinos nacionalistas, que estaban en guerra con los japoneses desde 1937. El Ejército Británico de la India había sido expandido hasta doce veces desde el estallido de la guerra, sin embargo, el rápido crecimiento significó que muchas unidades estaban pobremente equipadas y entrenadas, especialmente tratándose de un teatro de operaciones tan difícil como la jungla del sudeste asiático.

Cuando los líderes japoneses decidieron lanzar su guerra en diciembre de 1941, su objetivo principal era conseguir materias primas, especialmente petróleo de las colonias europeas, especialmente las posesiones holandesas, escasamente defendidas, debido a las exigencias de la guerra en Europa. Birmania poseía también una cuota importante de recursos, incluyendo cierta cantidad de yacimientos petrolíferos, minas de cobalto y campos fértiles para el cultivo de arroz. Desde el punto de vista estratégico, una Birmania ocupada permitía a los japoneses proteger su flanco al atacar Malasia y Singapur, al tiempo que proveía de una zona de “colchón” protector de los territorios conquistados. Los japoneses también deseaban cortar el llamado “Camino de Birmania”, que unía Lashio, una localidad al final del ferrocarril proveniente desde el puerto birmano de Rangún, con la provincia china de Yunán, y que había servido para llevar abundantes suministros a las tropas chinas.

Para fines de abril de 1942, las unidades chinas y de la “Commonwealth” estaban en total retirada, bajo terribles circunstancias. Miles de refugiados hambrientos, heridos y enfermos llenaban los primitivos caminos que atravesaban Birmania hacia la India. Unos 500.000 refugiados consiguieron llegar a India y se estima que hasta 50.000 pudieron haber muerto en el camino. En los meses siguientes, las paupérrimas condiciones en que terminaron viviendo luego de la huida causaron la propagación de enfermedades como malaria, disentería, viruela y cólera. El cuartel general del Cuerpo de Birmania llegó hasta Imphal, en la India, justo antes del inicio del monzón, en mayo. Fue desbandado y reemplazado por el 4º Cuerpo Británico, que había arribado recientemente para hacerse cargo de la India, cuyas fronteras estaban ahora amenazadas por los japoneses.

Las tropas derrotadas se encontraron viviendo a la intemperie, expuestas a las lluvias monzónicas, en condiciones muy insalubres. Para empeorar las cosas, aunque las unidades de primera línea mantenían algún indicio de orden, muchas fuerzas improvisadas y de retaguardia se habían disuelto en una chusma desordenada. Mientras tanto, el gobierno británico de Birmania se retiró hacia Myitkyina, en el norte del país, acompañado por grupos de civiles indios y británicos. El gobernador y otros personajes influyentes fueron evacuados por vía aérea, con algunos heridos y enfermos. Sin embargo, la mayoría de los refugiados tuvieron que huir a través de rutas difíciles. Muchos murieron en el trayecto. Al llegar a India, las autoridades se apresuraron a facilitar el paso de los europeos, dejando a muchos indios retrasados en la frontera, efectivamente condenándolos a la enfermedad y a la muerte. En contraste con la ineptitud del gobierno imperial, muchos individuos y asociaciones privadas hicieron su mejor esfuerzo para ayudar a los refugiados.

Los japoneses también consiguieron aislar a muchas tropas chinas de sus bases en su país. Muchas unidades chinas usaron la misma ruta de los civiles para retirarse y subsistieron gracias al saqueo, aumentando la miseria de los refugiados. Algunas unidades se abrieron camino peleando y llegaron hasta la India intactas en su orden de batalla, aunque sufriendo fuertes bajas. Los 23.000 soldados chinos llegados hasta India fueron puestos bajo el mando del general estadounidense Joseph Stilwell, que había hecho el trayecto a pie desde China. Estas fuerzas fueron reequipadas y entrenadas por instructores estadounidenses. Muchas otras tropas chinas trataron de llegar hasta Yunán, cruzando bosques de montaña. Miles murieron a manos de los japoneses o por los peligros de la ruta.

Abajo, tropas japonesas admiran el Buda de Shwethalyaung, una imagen reclinada, construida en el primer milenio después de Cristo en Bago, Birmania. Una fotografía de estas características tenía, para los japoneses, el mismo valor moral y propagandístico que tuvo para los alemanes izar la esvástica en la Torre Eiffel o en el Partenón.




domingo, 14 de mayo de 2017

Hace 100 años - 14 de mayo de 1917 - Primera Guerra Mundial - John J. Pershing

Hace 100 años
14 de mayo de 1917
Primera Guerra Mundial

John J. Pershing

Los italianos, incómodos con el prospecto de enfrentar tropas alemanas, llegadas en apoyo de Austria-Hungría hasta el frente alpino, lanzan la décima Batalla del Isonzo el 10 de mayo de 1917. Los italianos, no menos que los austriacos, estaban sufriendo mucho con lo que se ha convertido en una interminable guerra de desgaste. En general, la estructura del Imperio de los Habsburgo está peor preparada para una guerra larga, pero Italia ha sufrido también muchas bajas en sus repetitivas ofensivas y su número aumenta, cada vez que el Jefe del Estado Mayor, general Luigi Cadorna, decide lanzar un nuevo ataque.

Para muchos líderes de la Entente, incluyendo al Primer Ministro Británico, David Lloyd George, la guerra no podría ganarse sólo en el Frente Occidental, de modo que el residente del número 10 de Downing Street estaba dispuesto a desplegar parte de sus tropas en frentes considerados secundarios, como los Alpes, para obligar a los austro-alemanes a diluir sus esfuerzos. A fines de abril, con París y Londres sintiendo todavía el efecto de la fallida ofensiva de Nivelle, los mandos franceses, británicos e italianos concordaron en que el “Regio Esercito” recibiría refuerzos en caso de emergencia; por ejemplo, una ofensiva a gran escala montada por los austriacos con asistencia alemana. Italia tendría oportunidad de invocar el compromiso de sus aliados, en octubre de 1917, cuando la Décimosegunda Batalla del Isonzo terminara en el “Desastre de Caporetto” y estuviera cerca de noquear a Italia fuera de la guerra.

Por el momento, en mayo, el compromiso de ayuda franco-británica obligó a Cadorna a mostrar una actitud más ofensiva, que aliviara en algo la presión sentida por los agotados ejércitos franceses y británicos, así como por la desorganizada Rusia revolucionaria, cuyo ejército empezaba a desintegrarse. El 10 de mayo de 1917, los italianos iniciaron su ataque con una masiva preparación artillera. Por algunos días, los atacantes consiguieron algunos avances prometedores, aunque el costo en bajas fue altísimo y, a la larga, el resultado sería el mismo de todas las batallas del Isonzo hasta la fecha: estancamiento.

El 10 de mayo de 1917, el mayor general John J. Pershing recibe el nombramiento de Comandante en Jefe de la “American Expeditionary Force” (“AEF”, “Fuerza Expedicionaria Americana”), que estaba en proceso de organización para ser desplegada en los campos de batalla de Europa. Pershing sirvió en las Filipinas y en la lucha contra el caudillo mexicano, Pancho Villa. Como observador durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1905 y en los Balcanes, durante la crisis de 1908, estaba al tanto de los avatares de la política y la guerra moderna. Por otro lado, era un oficial con ciertas visiones atípicas, como su preferencia por integrar a los ciudadanos negros en las fuerzas armadas. Fue comandante de una de las primeras unidades de soldados negros, al punto que le apodaban “Nigger Jack”, un mote que se suavizó en “Black Jack”, con el que pasaría a la historia.

Estaba bien casado con Helen, hija del poderoso senador republicano, Francis E. Warren, aunque su vida personal estuvo marcada por una alta cuota de sufrimiento. En 1915, mientras servía en la frontera mexicana, su esposa y tres hijas murieron a causa de un incendio desatado en Presidio, San Francisco. Sólo su hijo Warren sobrevivió. En 1917, el mismo año en que Estados Unidos fue arrastrado a la guerra, se comprometió con Nita Patton, hermana menor de uno de sus protegidos, un joven oficial, llamado George S. Patton, que lucharía con distinción en los campos de Flandes y alcanzaría fama en la siguiente guerra. El alejamiento causado por su partida a la guerra, enfrió su relación con Miss Patton y, aunque Pershing tuvo aventuras en Europa, nunca se casó y se sabe que lamentó mucho no haberse casado con Nita.

La primera responsabilidad de Pershing era entrenar y equipar una pequeña fuerza de menos de 30.000 hombres y que llegaría a convertirse en el “Ejército Nacional”, un contingente que sumó elementos profesionales del “Army” propiamente tal, de los “Marines”, de la Guardia Nacional y de los cientos de miles de enlistados durante los dos años en que los norteamericanos se hicieron parte de la carnicería. Al llegar la paz, en noviembre de 1918, Pershing encabezaba una fuerza bien preparada, aguerrida y veterana, que superaba los 2.000.000 de uniformados. La distancia y las dificultades del traslado impidieron que las tropas estadounidenses pudieran desequilibrar la balanza del Frente Occidental durante 1917. Para mediados de año, menos de 15.000 hombres habían cruzado el Atlántico y tendrían alguna participación en combate, muy limitada, recién durante el otoño de ese año. Para facilitar el transporte de las fuerzas a ser desplegadas en Europa, los estadounidenses utilizaron casi exclusivamente material de guerra francés y británico, a pesar del altísimo grado de industrialización de su patria.

Abajo, una fotografía datada en la época en que Estados Unidos estaba involucrado en la Revolución Mexicana. De izquierda a derecha: el general Álvaro Obregón, más tarde, Presidente de México; Francisco “Pancho” Villa, el gran caudillo que acabó siendo cazado por Pershing, y este último, que lo acompaña en la foto.




Hace 75 años - 14 de mayo de 1942 - Segunda Guerra Mundial - El Mar del Coral

Hace 75 años
14 de mayo de 1942
Segunda Guerra Mundial

El Mar del Coral

El 8 de mayo, el 11er. Ejército Alemán lanzó una ofensiva en la Península de Kerch, Crimea. El general Erich von Manstein cuenta con cinco divisiones de infantería, una panzer y dos rumanas. Parece poco para cargar contra 19 divisiones soviéticas, atrincheradas y respaldadas por cuatro brigadas acorazadas; sin embargo, gran parte de los soldados soviéticos siguen poco dispuestos a dar su vida por Stalin y, en general, colapsan con facilidad. Para el 9 de mayo, el 51er. Ejército Soviético se retiraba en estampida y pronto se rendiría en masa, atrapado entre los alemanes y el Mar de Azov. Un poco más al norte, el 9 de mayo, el 28º Ejército Soviético lanzó una gran ofensiva cerca de Jarkov, Ucrania. Luego de algunos éxitos iniciales, las fuerzas alemanas, más motivadas y mejor dirigidas, frenaron a los atacantes. Para el 14, los germanos estaban listos para una contraofensiva, que acabó en desastre para un Ejército Rojo numéricamente superior y bien armado, pero que todavía no superaba los desastres del veranos de 1941.

En el Mediterráneo, el 9 de mayo, el portaaviones británico “HMS Eagle” y su similar estadounidense “USS Wasp” lanzan 64 cazas “Sptifire” desde sus cubiertas, para reforzar las defensas de Malta. El 10, una flotilla de cuatro destructores zarpa desde Alejandría: “HMS Kipling”, “HMS Jackal”, “HMS Jervis” y “HMS Lively”. Su objetivo es interceptar y destruir un convoy del Eje, cargado con suministros para las fuerzas mandadas por el general Erwin Rommel en África. Alrededor del mediodía del 11 de mayo de 1942, aviones alemanes de reconocimiento, lanzados desde Creta, detectan los destructores de la “Royal Navy”. En un primer ataque aéreo, una agrupación de bombarderos “Junkers Ju-88” hunde el “Lively” a 180 kilómetros al norte de Sidi Barrani, Egipto. Poco antes del anochecer, otra formación de la “Luftwaffe” aparece sobre la flotilla, hundiendo el “Kipling” y dañando seriamente el “Jackal”. Este último, envuelto en llamas, deberá ser remolcado por el “Jervis”, que aún es capaz de luchar. Sin embargo, para el día 12, cuando todavía estaban en alta mar, el fuego se vuelve incontrolable y el “Jackal” debe ser abandonado y hundido por los torpedos del propio “Jervis”.

El 8 de mayo de 1942, puede darse por terminada la Batalla del Mar del Coral. La Batalla de Midway, de junio de 1942, es recordada como el punto de inflexión de la guerra en el Pacífico. Sin embargo, el resultado del Mar del Coral incidió fuertemente en Midway y, a la larga, en el resultado de la guerra. En el Mar del Coral, se libró la primera batalla entre portaaviones y fue la primera vez en que dos flotas se enfrentaron sin avistarse la una a la otra, pues atacaban al adversario usando aviones.

A comienzos de 1942, los japoneses decidieron que era esencial aislar Australia del resto de los Aliados. La “Operación Mo”, implementada en abril, significó desplegar una gran fuerza de invasión dirigida a Port Moresby, capital de Nueva Guinea, desde donde podrían establecer nuevas bases, capaces de lanzar sus aviones hacia el interior de Australia. Al mismo tiempo, una fuerza de invasión más pequeña fue dispuesta para capturar las Islas Salomón, en el flanco oriental de Nueva Guinea, con la capital colonial, Tulagi, como objetivo primordial. Los portaaviones “Zuikaku” y “Shokaku” proporcionarían cobertura aérea.

Para marzo de 1942, los servicios de inteligencia norteamericanos eran capaces de descifrar y procesar una parte de los mensajes cifrados japoneses. De a poco, los equipos de criptoanálisis fueron bosquejando un cuadro de la estrategia japonesa en el Pacífico Sur. A mediados de abril, el almirante Chester Nimitz ordenó mover los portaaviones “USS Yorktown” y “USS Lexington” hacia el Mar del Coral. Los otros dos portaaviones disponibles, “USS Hornet” y “USS Enterprise”, necesitaban reabastecerse luego de la incursión de Doolittle sobre Tokio, de modo que no pudieron participar de la batalla.

El 4 de mayo, los japoneses iniciaron la invasión de Nueva Guinea y las Salomón. Hasta el 7 de mayo, ambas flotas estuvieron buscándose, sufriendo bochornosas confusiones de buques propios y ajenos. El primer éxito se lo pudieron atribuir los estadounidenses, que ese día identificaron al portaaviones ligero “Shoho”. Un enjambre de bombarderos en picado “Douglas SBD Dauntless” y torpederos “Douglas TBD Devastator” se cebó en el “Shoho”, que fue destruido en pocos minutos. Alertados por el hundimiento del “Shoho”, “Zuikaku” y “Shukaku” lanzaron sus aparatos buscando represalia, pero fueron repelidos por los cazas embarcados en el “Yortown” y el “Lexington”. En medio de la confusión, un grupo de 27 aviones japoneses intentó aterrizar en el “Yorktown”, al haberlo confundido con uno de sus buques. Sólo seis pilotos japoneses regresaron a salvo esa noche.

Al día siguiente, a las 10.32 de la mañana, los bombarderos en picado del “Yorktown” llegaron sobre los portaaviones enemigos. Sin embargo, siguiendo la doctrina al pie de la letra, se quedaron cerca del blanco, esperando a que se les reunieran los torpederos, para realizar un ataque coordinado. Para cuando todos los aparatos estaban en posición, una tormenta cubría a los japoneses. Cuando las nubes permitieron algo de visibilidad a los norteamericanos, tres “Dauntless” alcanzaron la cubierta de vuelo del “Shokaku” con sus bombas. El “Zuikaku” no fue alcanzado, pero la lucha había cobrado un altísimo precio en los grupos aéreos de ambos portaaviones. Al finalizar la batalla, ambas naves deberían ser retiradas para servicio durante dos meses; lo suficiente como para evitar su participación en la Batalla de Midway.

Pero los japoneses no dejarían el campo de batalla sin cobrar lo suyo. Los grupos de combate nipones terminaron por detectar a los buques estadounidenses, que fueron atacados con furia el 8 de mayo. El “Lexington” recibió dos bombas y siete torpedos. Envuelto en llamas, sus restos debieron ser hundidos por un destructor. El “Yorktown”, de menor desplazamiento, tuvo más éxito en sus maniobras evasivas, pero sufrió graves daños, al punto que los japoneses suponían que lo habían dejado fuera de combate y, un mes más tarde, se llevaron una gran sorpresa cuando lo vieron en Midway, junto al “Hornet” y al “Enterprise”, donde sus aviones tendrían una actuación clave. No obstante, el “Yorktown”, apresuradamente reparado y llevándose sólo los 50 aviones que quedaron de los grupos de batalla de los dos buques, no estaba en condiciones de luchar de nuevo y sobrevivir: los japoneses, que no pudieron destruirlo del todo en el Mar del Coral, lo mandarían al lecho marino en Midway.

Desde el punto de vista táctico, el Mar del Coral fue una victoria japonesa. Los nipones tuvieron que lamentar el hundimiento del relativamente pequeño “Shoho”, de 11.000 toneladas. La “US Navy”, en tanto, perdió en el “Lexington” a uno de sus mejores portaaviones, que desplazaba 41.000 toneladas. Por otro lado, resultó en una victoria estratégica, pues los japoneses tuvieron que retrasar su asalto sobre Port Moresby y tuvieron que hacerlo sin tener dominio del aire. La lucha en el Mar del Coral, como quedó dicho, desgastó sensiblemente a la fuerza de portaaviones japonesa, que tuvo que ir a la decisiva Batalla de Midway sin un tercio de sus unidades. Y además, la batalla significó un cambio sicológico para ambos bandos, pues, hasta el Mar del Coral, Japón había despedazado varias flotas aliadas, destruyendo decenas de poderosos acorazados y grandes cruceros. Japón, en cambio, hasta el día en que perdió su primer portaaviones, aunque fuera el ligero “Shoho”, no había sufrido el hundimiento de nada más grande que un destructor. La vista del pabellón del Sol Naciente tragado por el fuego de los aviones norteamericanos y las aguas del Pacífico fue un signo de que Japón no era invencible.

En la fotografía, el una vez poderoso portaaviones “USS Lexington”, ya abandonado por su tripulación, se ve convertido en una ruina humeante.




domingo, 7 de mayo de 2017

Hace 100 años. 7 de mayo de 1917. Primera Guerra Mundial. Los motines de mayo

Hace 100 años
7 de mayo de 1917
Primera Guerra Mundial

Los motines de mayo

El 2 de mayo de 1917, una primera flotilla de destructores de la “US Navy” arriba a Queenstown, en el Reino Unido. Las fuerzas armadas de los poderosos Estados Unidos ya entran en acción. Con todo, pasarán varios meses para que los norteamericanos puedan desplegar una fuerza expedicionaria de consideración en Europa. Mientras tanto, británicos y franceses intentarán bajar la presión a sus mandos, a la espera de que el grueso de las fuerzas norteamericanas llegue a luchar en Europa. Por su parte, los alemanes saben que, incluso más que antes, el reloj corre en su contra y necesitan apresurarse, si quieren tener alguna oportunidad de salir victoriosos de la contienda. Porque cuando Estados Unidos pueda luchar con todo su poderío, el desequilibrio será demasiado grande.

El 3 de mayo de 1917, la 21ª División de Infantería del Ejército Francés rehusó obedecer las órdenes de prepararse para abandonar sus trincheras y cruzar la “tierra de nadie” hacia las fortificaciones alemanas. Era el inicio de una serie de motines, provocados por la decepción que supuso el mal resultado de la ofensiva de abril de 1917, planificada por el general Robert Nivelle, Comandante en Jefe de los franceses. La “Ofensiva de Nivelle” se había implementado con la promesa de acabar con la guerra en pocos días, a un costo insignificante de bajas. Para los últimos días de abril, sin embargo, más de 120.000 soldados franceses habían sido heridos, estaban muertos o habían caído prisioneros en el marco de la operación. Luego de los muchos fracasos de las ofensivas francesas, que costaban la vida y sangre de miles de soldados, en lo que parecían inútiles asaltos frontales contra las ametralladoras y cañones alemanes, el fiasco de la ofensiva de abril fue la gota que colmó el vaso.

Al momento de rehusar las órdenes, los sufridos “poilus” declararon que no abandonarían sus puestos y defenderían sus trincheras de cualquier ataque alemán, pero que no volverían a participar en ataques suicidas a través de la “tierra de nadie”. Los comandantes locales consiguieron controlar la situación, arrestando a los voceros de la tropa, ejecutando a algunos y mandando a otros a prisión. Finalmente, el 5 de mayo, las tropas de la 21ª División salieron de sus refugios y previsiblemente fueron masacrados en un nuevo ataque frontal.

Las noticias del motín de la 21ª División corrieron a la velocidad que sólo puede hacerlo un rumor en un ejército. La semilla de la rebelión cayó en tierra fértil y el 120º regimiento se negó a realizar nuevos ataques frontales, imitado a los pocos días por los regimientos 119º y 128º. El 5º regimiento, en vez de cumplir las órdenes de marchar hacia las trincheras enemigas, empezó a marchar hacia la retaguardia. Un grupo de oficiales intentó contenerlos, pero los soldados simplemente se sentaron en el camino y se negaron a moverse. Las tropas del 18º regimiento, tras recibir órdenes de pasar al ataque, dijeron a su coronel que no tenían nada en su contra a nivel personal, pero que no obedecerían más órdenes. Otra unidad francesa envío un mensaje escrito, en que aseguraban a sus superiores que no tuvieran nada que temer, pues estaban preparados para hacerse cargo de sus trincheras, cumplirían con su deber y los alemanes no pasarían, pero no participarían en ataques que resultaran en bajas inútiles. En general, las tropas no usaron la violencia, ni amenazaron a sus oficiales; sencillamente se quedaron quietos en sus trincheras y se negaron a salir de ellas para dejarse masacrar contras las bien preparadas posiciones de la “Línea Hindenburg”. En distintos momentos del mes de mayo, 50 de las 113 divisiones de infantería francesas fueron parte de los motines.

Como era de esperarse, a medida que la rebelión se expandió, creció la lista de quejas. Los soldados aprovecharon de pedir mayor frecuencia en los permisos, mejor comida y mejor agua. En algunos casos aislados, las exigencias degeneraron en connotaciones políticas, con grupos de soldados enarbolando banderas rojas, así como entonando la “Marsellesa” y la “Internacional”. Cierto regimiento se apoderó del pueblo de Missy-aux-Bois e intentó establecer una “Comuna”, siguiendo el ejemplo de 1871. Otras unidades, siguiendo el reciente ejemplo bolchevique, eligieron “Consejos de Soldados”. Lo que había partido como la queja aislada de un grupo localizado de las tropas, empezó a convertirse en un movimiento organizado, con regimientos y divisiones completas actuando de común acuerdo, con objetivos claros y sin abandonar la disciplina.

Los políticos en Londres y París estaban aterrorizados. El Zar Nicolás de Rusia había sido depuesto hacía pocas semanas, a causa de una revolución, cuyo detonante final fue el motín de la guarnición de Petrogrado. Se esperaba que una revolución a gran escala estallara en Francia, con el temor de que los alemanes supieran lo que pasaba y lanzaran una gran ofensiva, para aprovecharse de la crisis. Los generales británicos se imaginaban abandonados por Francia, obligados a defender solos el extenso Frente Occidental, apenas asistidos por los escasos restos del Ejército Belga.

Los gobiernos de la Entente hicieron esfuerzos para suprimir rápidamente los motines y, sobre todo, mantener el asunto oculto, un afán en el que fueron exitosos, al decir del general Erich Ludendorff quien, después de la guerra, confesó que el alto mando germano nunca tuvo la menor idea de los motines de mayo de 1917 y que, de haber tenido noticia de los mismos, la Primera Guerra Mundial pudo tener otro resultado muy distinto.

El efecto desastroso de la última ofensiva y los incidentes ocurridos en gran parte del Ejército, convencieron al gobierno francés de la necesidad de cambiar el liderazgo militar. Al promediar mayo, Nivelle fue destinado al muy secundario mando de las fuerzas coloniales de África, mientras era reemplazado por el enérgico general Philippe Pétain como nuevo Comandante en Jefe francés. Pétain tendría la dura tarea de restablecer la disciplina en las desmoralizadas filas francesas.

Abajo, una unidad de formación francesa presenta armas, tras depositar una ofrenda floral en las tumbas de camaradas caídos. Se trataba de una ceremonia que se había hecho demasiado frecuente en el Frente Occidental, al punto de agotar la paciencia de los valerosos “poilus”, que llevaban dos años y medio siendo masacrados en las trincheras de Flandes.




Hace 75 años. 7 de mayo de 1942.Segunda Guerra Mundial. La hora más oscura del “US Army”

Hace 75 años
7 de mayo de 1942
Segunda Guerra Mundial

La hora más oscura del “US Army”

El 1 de mayo de 1942, once transportes japoneses zarpan desde Rabaul, Nueva Bretaña, en el Archipiélago de las Bismarck. Llevan a bordo un ejército de invasión, cuyo objetivo es Port Moresby, en la Papúa Australiana. La flota nipona es escoltada por siete cruceros y un portaaviones ligero. Ese mismo día, unidades de apoyo aéreo estrecho, basados en tierra, son dispuestos por el alto mando japonés, para respaldar las operaciones contra Port Moresby. La Campaña de Nueva Guinea será una de las más largas y duras de la lucha en el Pacífico.

En Europa, británicos y alemanes no se dan tregua. El 3 de mayo de 1942, 81 bombarderos británicos atacan la gran ciudad puerto de Hamburgo. En esa misma jornada, 90 bombarderos alemanes hacen lo propio con Exeter, en el Reino Unido. Este último ya cuenta con el desequilibrante apoyo directo de las fuerzas estadounidenses. Ese mismo día, el portaaviones norteamericano “USS Wasp” zarpa desde Glasgow, Escocia, llevando 47 “Spitfire” destinados a reforzar la defensa de Malta, en el Mediterráneo. El 4 de mayo, otra agrupación de la “RAF” deja caer sus bombas sobre Stuttgart. A la noche siguiente y a la subsiguiente, la ciudad, sede de la gran firma Bosch, es nuevamente atacada.

El 5 de mayo, los británicos lanzan la invasión de Madagascar, colonia francesa obediente a Vichy. Las tropas coloniales francesas resisten la llegada de la fuerza británica, que hunde un submarino francés durante los enfrentamientos. Al día siguiente, los británicos están estancados por la resistencia francesa, que es inesperadamente firme. El 6 de mayo, la corbeta británica “HMS Auricula” se hunde, luego de haber impactado una mina el día anterior. En una arriesgada maniobra, el destructor “HMS Anthony” penetra en la bahía de Diego Suárez y consigue desembarcar 50 “Royal Marines” detrás de las líneas francesas. La ocupación de Madagascar, que se ha vuelto muy importante con el avance japonés en el Índico, no será fácil.

El alto mando alemán se prepara para una nueva campaña de verano en Rusia, pero hace notar en sus registros que las unidades germanas sufren un déficit de personal equivalente a 308.000 hombres. Por el momento, sin embargo, la moral de las tropas soviéticas no se recupera de dos decenios de tiranía comunista y del desastre militar del verano de 1941, de modo que los alemanes vuelven a avanzar. El 5 de mayo, el 16º Ejército Alemán rompe las líneas soviéticas en Kholm y levanta el asedio de la bolsa que se había formado durante la contraofensiva de invierno, lanzada por el Ejército Rojo a fines de 1941. Los alemanes rescatan a cerca de 4.000 sobrevivientes, que resistieron el cerco de fuerzas soviéticas muy superiores entre enero y mayo de 1942.

En las Filipinas, prosigue el asedio a la fortaleza del Corregidor. El 2 de mayo, una bomba de artillería alcanza el polvorín de una batería defensiva, causando la detonación de 1.600 sacos de 62 libras de pólvora. Los muertos alcanzan a 56 hombres y cientos resultan heridos. En la Bahía de Manila, ese mismo día, el cañonero fluvial “USS Mindanao” es hundido por su propia tripulación, para evitar su captura por los japoneses. El 3 de mayo, la marina estadounidense realiza la última evacuación antes de que la fortaleza deba rendirse, cuando el submarino “USS Spearfish” embarca 27 personas, entre personal civil, militar y de enfermería. El 5 de mayo, luego de largos días de bombardeo preparatorio, la primera oleada de 2.000 soldados japoneses desembarca en la Isla de Corregidor, tras haber sido transportados desde la Península de Bataán en 15 barcazas. La defensa cobró más de la mitad de las fuerzas de la primera oleada japonesa, pero los invasores consiguieron consolidar una cabeza de playa.

El 6 de mayo, el general Jonathan Wainwright pidió términos de rendición al general japonés Masaharu Homma. El jefe nipón insistió en que sólo aceptaría si la capitulación incluía a todo el personal aliado presente en las Filipinas. Además de las tropas de Wainwright en Corregidor, otro grupo de tropas filipino-estadounidenses habían quedado rodeadas más al sur, en Cebu. Cuando Wainwright comprendió que su situación era desesperada y que no tenía sentido seguir luchando, junto con proponer la rendición, envió un mensaje al general William Sharp, comandante de las fuerzas en Cebu, para que se convirtiera en el nuevo jefe de las tropas aliadas en el archipiélago. Homma sabía que eso significaba alargar aún más una campaña que ya había sido mucho más extensa de lo presupuestado. Wainwright, por lo tanto, tuvo que ordenar al general Sharp que se rindiera también.

Sharp quedaba en la compleja disyuntiva de rendir sus tropas, muy maltratadas, pero todavía capaces de luchar, o seguir combatiendo, desobedecer una orden directa y además exponer a los miles de prisioneros de Corregidor a ser castigados por los japoneses o incluso ejecutados, como represalia, si seguía resistiendo. A los pocos días, Sharp y sus fuerzas se rindieron, aunque miles de soldados huyeron de la captura y se incorporaron a las guerrillas que siguieron resistiendo a los japoneses hasta la liberación en 1945.

Por el momento, sin embargo, todo había acabado en las Filipinas, una campaña considerada como el peor desastre en la historia militar estadounidense. Fue una gran victoria para los japoneses, aunque fue costosa. Al tardar mucho más tiempo que el esperado, el alto mando japonés tuvo que destinar a las Filipinas cuantiosas tropas, destinadas originalmente a las Indias Orientales Holandesas, demorando su conquista. Asimismo, para reducir la porfiada defensa de Corregidor, los japoneses tuvieron que usar tropas que, de otro modo, debieron luchar desde el comienzo en la Campaña de Nueva Guinea y las Islas Salomón, que se inició a mediados de 1942 y que nunca fue decidida a favor de Japón.

En la fotografía, un soldado japonés vigila a prisioneros estadounidenses, en mayo de 1942.




domingo, 23 de abril de 2017

Hace 100 años. 23 de abril de 1917. Primera Guerra Mundial. El fracaso de Nivelle

Hace 100 años
23 de abril de 1917
Primera Guerra Mundial

El fracaso de Nivelle

La ofensiva lanzada el 16 de abril de 1917 por el alto mando francés, en la que se habían cifrado tantas esperanzas, se convierte en una nueva decepción. Un oficial francés dejó escrito: “a las 6.00, la batalla comenzó; a las 7.00, estaba perdida”. El Comandante en Jefe de las tropas francesas en el Oeste, general Robert Nivelle, había prometido quebrantar la resistencia alemana en 48 horas, sin sufrir más que 10.000 bajas. A pesar de algunos avances localizados en la línea del frente, el ataque no consiguió romper la férrea defensa alemana, que además cobró 40.000 bajas francesas en los primeros tres días. Las batallas lanzadas por británicos y franceses en el marco de la ofensiva se arrastraron hasta mediados de mayo, pero el fracaso estaba sellado a menos de una semana del inicio.

El plan de Nivelle tenía cierta lógica en el papel. Escogía una saliente como objetivo, para reducirla y aprovechar su colapso para destrozar toda la línea alemana. Y asumía, con mucha razón, que los alemanes estaban muy debilitados luego de los terribles desafíos que supusieron las grandes batallas libradas en Verdún y el Somme durante 1916.

El primer problema para los generales franceses estaba en que los alemanes estaban muy al tanto de sus vulnerabilidades y llevaban varias semanas intentando resolverlas con teutónica minuciosidad. Desde febrero, se habían afanado en ocupar una nueva posición defensiva, que llamaron “Línea Sigfrido”, pero que pasaría a la historia como “Línea Hindenburg”. Mucho más fuerte que las viejas trincheras, la Línea Hindenburg pudo construirse tranquilamente, lejos del fuego enemigo. La retirada a la nueva posición situó a los alemanes en un frente más estrecho, con 40 kilómetros menos que defender y, por tanto, les devolvió la capacidad de mantener una fuerte reserva de 13 divisiones, que sustrajeron de las tareas de trinchera y podían ser empleadas en puntos críticos. La “Operación Alberich”, nombre dado a la retirada de todo el “Deutsches Heer” hacia su nueva posición, partió el 16 de marzo, acompañada de una despiadada política de “tierra arrasada” sobre el territorio abandonado.

La retirada se completó frente a las narices de las tropas francesas, belgas y de la “Commonwealth”, que no lo notaron sino hasta el 25 de marzo. Las fuerzas de la Entente avanzaron con prisa, apenas se dieron cuenta, pero fue un golpe en vacío que además disolvió o eliminó gran parte de las salientes que debían ser atacadas. Algunos líderes militares y civiles urgieron a Nivelle a abandonar el plan o, al menos, a modificarlo, dadas las nuevas circunstancias. Pero el Comandante en Jefe mantuvo o fingió una inquebrantable fe en su planificación.

Los mandos británicos, igual que los franceses, desconfiaban de los ambiciosos objetivos de Nivelle, pero el carismático general se ganó a muchos políticos influyentes y usó todas las armas de la propaganda para publicitar sus planes de acabar con los alemanes en pocos días y con poco esfuerzo. Aunque Nivelle nunca tuvo el apoyo de todos los políticos y generales, consiguió el respaldo entusiasta de los ciudadanos comunes y corrientes. Por poco tiempo, el ambiente alcanzó los niveles de moral de 1914. Sin embargo, cuando la ofensiva se mostró como un nuevo fracaso, la confianza recobrada fue reemplazada por una correspondiente pérdida de fe en el liderazgo nacional. La decepción entre la población civil, que se hundió en la desesperanza, fue acompañada del hastío entre las tropas, que protagonizarían motines masivos en los últimos días de abril de 1917.

El esfuerzo de relaciones públicas de Nivelle, aunque exitoso para aunar voluntades ante la inminencia de su ofensiva, resultó contraproducente para mantener el nivel mínimo de secreto, necesario para sorprender a un enemigo que se desea atacar con efectos decisivos. Para cuando Nivelle atacó, los alemanes tenían suficiente información como para actuar defendiendo su línea y, en muchos casos, anticipándose a los movimientos de las tropas de la Entente.

La coordinación entre artillería e infantería, que había sido clave en Verdún y que había convertido a Robert Nivelle en un héroe nacional francés, fue otro fracaso de la ofensiva de abril de 1917. Una coordinación tan precisa podía funcionar sólo a pequeña escala, con tropas especialmente entrenadas e información muy certera. Se trataba de un método muy difícil de aplicar a grandes cuerpos de ejército e imposible cuando no se disponía de buena inteligencia. Además, desde el comienzo de la operación, los aviadores alemanes se hicieron dueños de los cielos, dejando a la artillería francesa ciega durante gran parte del ataque.

La aviación francesa no pudo dar a la artillería la información que necesitaba sobre el campo de batalla; la artillería fue incapaz de apoyar el avance de la infantería y los infantes tuvieron que enfrentar posiciones preparadas y bien defendidas, que habían sufrido poco daño antes del asalto. En pocas horas, los franceses habían sufrido 40.000 bajas y sus avances eran insignificantes. Nivelle intentó relanzar la ofensiva por otros tres días, pero para el 20 de abril, era claro que se había convertido en un fiasco. La operación fue cancelada, pero las tropas francesas no pudieron desligarse de la batalla sino hasta el 7 de mayo, cuando “L’Armée” ya sumaba 130.000 bajas.

El 23 de abril, los británicos tuvieron que lanzar una nueva ofensiva en su sector, para cubrir la retirada francesa. Los británicos y sus dominios mantuvieron el control de “Vimy Ridge”, un punto que habían disputado salvajemente con los alemanes, pero sufrieron 150.000 bajas. Con todo, fueron los franceses los más afectados por la derrota. El “poilu” había creído en la ofensiva y cuando vio cómo, otra vez, miles de sus camaradas eran masacrados para nada, el Ejército sufrió una desilusión comparable al nivel de esperanza que el general Nivelle había conseguido inspirar antes de la batalla. El 15 de mayo, Nivelle fue removido del cargo y reasignado a África, pasando el mando al general Henri Philippe Pétain, otro héroe de Verdún que, sin embargo, demostró más prudencia que su predecesor. Pero incluso si Pétain hubiere querido demostrar más audacia, el Ejército Francés estaba paralizado por la baja moral y los motines. Más que montar nuevos ataques, la primera preocupación de Pétain era devolver la disciplina a sus tropas y transformarlos de nuevo en un auténtico ejército.

En la fotografía, una ambulancia británica durante la batalla.




Hace 75 años.23 de abril de 1942. Segunda Guerra Mundial. Doolittle sobre Tokio

Hace 75 años
23 de abril de 1942
Segunda Guerra Mundial

Doolittle sobre Tokio

Los aliados siguen perdiendo buena parte de sus flotas mercantes y de los suministros que transportan, víctimas de los submarinos alemanes. Cuando termine el “segundo tiempo feliz” de los “U-Boote”, en agosto de 1942, en un lapso de siete meses, los sumergibles habrán hundido más de 3.000.000 de toneladas, con sólo 22 submarinos perdidos.

El 17 de abril de 1942, el general Henri Giraud escapa de su prisión en la fortaleza de Königstein, Alemania. Giraud fue comandante del 7º Ejército Francés en la campaña de mayo-junio de 1940, cuyas poderosas formaciones de tanques habían sido desperdiciadas en un vano intento de cubrir algunos sectores comprometidos del frente aliado entre las fuerzas belgas y holandesas. Luego de ser tomado prisionero, Giraud estuvo dos años planificando su evasión. Al llegar a la Francia de Vichy, intentó convencer al mariscal Pétain de que los alemanes no podían ganar la guerra y de que lo mejor era romper con ellos. No pudo convencer a Pétain, pero pudo quedarse en paz en la Francia ocupada durante un tiempo, hasta que se le ofreció el mando de las tropas francesas empleadas en el desembarco aliado en África del Norte, en noviembre de 1942. De nuevo logró escabullirse desde la Francia ocupada hasta África y acudir al llamado de los Aliados. Se retiraría antes del fin de la guerra, debido a desacuerdos con el general Charles de Gaulle, líder de la Francia Libre.

El 17 de abril de 1942, una bomba, proveniente de un bombardero alemán, acabó con la vida de Nora Cleveney, mientras estaba estacionada como observadora de aviones cerca de Southampton, Inglaterra. Nora, de 18 años, fue la primera mujer soldado británica en caer en acto de servicio.

En el Frente Oriental, el mejoramiento del clima permite a los alemanes retomar la iniciativa. Con su 33er. Ejército a punto de ser destruido en Vyazma, el general Mijail Yefremov comete suicidio, disparándose con su propia arma en la cabeza el 19 de abril. El 20, las tropas alemanas que habían quedado encerradas en la “bolsa de Demiansk”, luego de la ofensiva soviética de invierno, consiguen escapar del cerco. Con todo, la mayor ofensiva alemana del verano de 1942 será lanzada en julio contra el Cáucaso y el Volga, especialmente contra una ciudad cuyo nombre será conocido en todo el mundo: Stalingrado.

El 18 de abril, 16 bombarderos “B-25 Mitchell”, de la Fuerza Aérea del Ejército de Estados Unidos, atacaron blancos en Tokio, Yokohama, Yokosuka, Kobe, Osaka, Nagoya y otras ubicaciones en Japón. La incursión, dirigida por el coronel James Doolittle, tuvo que ser adelantada, debido al avistamiento por parte de un buque japonés, que fue rápidamente destruido, pero no antes de que pudiera transmitir a sus superiores la ubicación de la flota norteamericana. Para no perder el elemento sorpresa, los “B-25” fueron lanzados a 1.200 kilómetros de Japón, en vez de los 600 planificados originalmente. Además se habían preparado para un ataque nocturno, pero ahora se verían obligados a bombardear sus blancos de día. Todos y cada uno de los 16 pesados bombarderos consiguieron despegar desde la corta cubierta del “USS Hornet”, diseñado para lanzar aparatos mucho más pequeños y ligeros. Las preocupaciones iniciales, sobre una posible alerta a las defensas japonesas, resultaron injustificadas, y los bombarderos casi no hallaron oposición de parte de la artillería antiaérea y los aviones interceptores.

Un tal comandante Mott, del portaaviones “USS Enterprise”, que debía escoltar al “Hornet”, cuenta que sintonizaron Radio Tokio luego de ser lanzados los bombarderos. Para sorpresa de todos, el locutor se divertía con lo que, según él, era una noticia falsa difundida por la agencia Reuters, sobre un bombardeo aéreo sobre Tokio. Claramente alguien se adelantó en entregar la información a Reuters. Algunas horas después, la voz del locutor de Radio Tokio dejó de oírse, silenciada debido al exitoso ataque aéreo.

Todos los aparatos llegaron hasta sus blancos y dejaron caer sus bombas. A pesar de que la propaganda japonesa intentó distorsionar y minimizar los efectos de la incursión, el efecto en la moral japonesa fue considerable. El encargado de la defensa aérea de Tokio cometió suicidio ritual, como una manera de limpiar su vergüenza por no haber sido capaz de proteger los cielos de la capital imperial de los aviadores enemigos.

El adelantamiento del ataque impidió que los bombarderos tuvieran suficiente combustible para llegar hasta sus aeródromos de destino en China. La mayoría tuvo que aterrizar de emergencia en la costa china o en aguas cercanas a la costa. Uno de los aviones consiguió llegar hasta un aeródromo en Vladivostok, Unión Soviética, donde el aparato fue confiscado y la tripulación internada. En 1943, la NKVD los llevó secretamente hasta Irán, para ayudarlos a regresar a Estados Unidos, sin enemistarse con Japón, al que Stalin no quería provocar. Ocho aviadores fueron capturados por los japoneses y tres de ellos fueron ejecutados por atacar blancos civiles. Cinco permanecieron prisioneros de guerra, bajo terribles condiciones, que significaron la muerte de uno de ellos en cautiverio.

El “Raid de Doolittle” convenció a muchos altos oficiales japoneses de que su país era más vulnerable de lo que creían a un ataque aeronaval. Muchos empezaron a pensar en la forma de evitar que una incursión similar se repitiera. Y esta inquietud fue uno de los factores que influyeron en implementar la invasión de Midway y las Aleutianas, que se convertiría en una gran victoria para Estados Unidos y marcaría un punto de inflexión en la Campaña del Pacífico.

Abajo, los “B-25” de Doolittle se ven listos para despegar desde el “Hornet”, el 18 de abril de 1942.

Imagen tomada de http://ww2db.com/images/battle_doolittle6.jpg

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