martes, 29 de diciembre de 2015

Hace 100 años. 27 de diciembre de 1915. Primera Guerra Mundial

Hace 100 años

27 de diciembre de 1915
Primera Guerra Mundial

El 25 de diciembre, los turcos lanzan un gran ataque sobre las fuerzas británicas asediadas en Kut. En el norte del frente del Medio Oriente, los rusos avanzan sobre Kangavar, Persia, pero no tienen los recursos ni la determinación para perseverar en la ofensiva, de modo que no es mucho lo que alcanzar a hacer por aliviar la presión sobre los británicos.

En África, alemanes y británicos se enfrentan en el Lago Tanganika. Pequeñas naves fluviales protagonizan batallas navales a pequeña escala. A pesar de su porfiada resistencia, las tropas coloniales alemanas, rodeadas y aisladas de su metrópoli, deberán ceder terreno.

En el Frente Occidental, se producen episodios aislados de fraternización y hasta se juega algún partido de fútbol en la “tierra de nadie”. Pero los oficiales tienen mucho cuidado de evitar que se produzcan las treguas del año anterior, bajo amenaza de sanciones disciplinarias a los infractores.

El hecho más relevante es el inicio de la evacuación de Gallípoli por parte de las tropas aliadas. La campaña se había iniciado con el desembarco de británicos y franceses, en abril de 1915, con el objetivo de tomar Constantinopla, esperando que, al ocupar su capital, los turcos saldrían de guerra. Los aliados de la Entente esperaban también que la operación les permitiera controlar los estrechos que unen en Mar Negro con el Mediterráneo, para poder enviar suministros a los rusos, que llevaban varios meses luchando a la defensiva contra los alemanes, mucho mejor equipados que las tropas del Zar.

Para mediados de noviembre, el frente estaba estancado casi en el mismo lugar donde las tropas aliadas habían desembarcado, más de seis meses antes. En el interín, Winston Churchill, cerebro de la operación, tuvo que renunciar a su cargo de Primer Lord del Almirantazgo y, para muchos, se había convertido en un cadáver político. La idea de Churchill no era mala y tenía que ver con atacar la periferia de los Imperios Centrales desde unos de sus puntos más débiles, como era el decadente Imperio Otomano. Sin embargo, la campaña no estuvo bien dirigida, se desperdiciaron miles de vidas en inútiles ataques frontales contra posiciones bien defendidas y los atacantes nunca aprovecharon bien la ventaja que les daba el dominio franco-británico del mar. Para fines de 1915, el escenario además había cambiado, con el Frente Occidental estancado, el Frente Oriental dominado por los austro-alemanes, el Medio Oriente muy indeciso y los Balcanes, que eran el escenario más cercano a los estrechos, derechamente se iban convirtiendo en un desastre para la Entente, con el territorio serbio a punto de ser copado por Austria-Hungría, Alemania y Bulgaria, que se había sumado hace poco a los Imperios Centrales.

La evacuación partió por dos puntos conocidos como Bahía Suvla y “Ensenada Anzac”, esta última bautizada por el “Australian and New Zeland Army Corps” (“Anzac”, “Cuerpo de Ejército Australiano y Neozelandés”). En efecto, la mayor parte de la lucha, por parte de los aliados, fue soportada por tropas de estos dos dominios del Imperio Británico, que hasta el día de hoy consideran la lucha en Gallípoli como un elemento central en su toma de conciencia nacional.

A diferencia de lo ocurrido en las operaciones de meses anteriores, la evacuación estuvo bien ejecutada y se saldó casi sin bajas, al contrario de lo que anticiparon los altos mandos, que esperaban perder miles de hombres, una vez que los turcos se dieran cuenta de la retirada y se lanzaran en persecución de los hombres que intentaban evacuar por mar. Pero eso no ocurrió y las unidades pudieron embarcar con relativa tranquilidad. Sin embargo, el conjunto de la campaña no fue tan inocuo. Además del hecho de retirarse del campo de batalla sin la victoria, las pérdidas de los aliados llegaron a 27.000 franceses y 115.000 soldados británicos y de los dominios, entre muertos y heridos. Y gran parte del armamento y los suministros tuvo que ser dejado atrás, aunque la mayor parte fue destruida para evitar que cayera en manos del enemigo. En la madrugada del 20 de diciembre de 1915, las últimas fuerzas de la Entente abordaban los transportes que los llevarían a un corto descanso y luego a ser desplegados en otros frentes de la guerra. Los Aliados mantendrían su presencia en Cabo Helles hasta el 9 de enero, cuando también esa playa sería evacuada, poniendo definitivo fin a la Campaña de Gallípoli.

Abajo, una fotografía tomada desde el acorazado “HMS Cornwallis”, donde se ve un enorme incendio provocado por las tropas “Anzac”, que se cuidaron de destruir todo lo que pudiera ser útil al enemigo.

Imagen tomada de http://ww100.govt.nz/sites/default/files/images/IWM%20suvla%20bay.jpg

 http://ww100.govt.nz/sites/default/files/images/IWM%20suvla%20bay.jpg

Hace 75 años. 27 de diciembre de 1940. Segunda Guerra Mundial

Hace 75 años

27 de diciembre de 1940
Segunda Guerra Mundial

Entre el 22 y el 24 de diciembre, se producen violentos ataques aéreos de la “Luftwaffe” sobre Manchester. El “Blitz” no cesa, aunque las posibilidades de dominar los cielos británicos son casi nulas para los alemanes, que ya miran hacia el Europa del Este y África, donde empeñarán sus próximas ofensivas.

El 24 de diciembre, en su discurso de Navidad a la Curia, el Papa Pío XII ha dicho con profética clarividencia: “Con trágica y casi fatal persistencia, el conflicto, una vez desencadenado, prosigue por su camino ensangrentado, acumula ruinas, no perdona templos venerables, monumentos insignes, hospitales de caridad, y, en el fácil olvido de las normas de humanidad, en el desprecio de las costumbres y convenciones bélicas, llega a veces a tales extremos, que una época menos perturbada y agitada que la nuestra pondrá un día estas vicisitudes entre las páginas más dolorosas y oscuras de la historia del mundo”. El pontífice sabe que, a cada segundo que la guerra sigue sin detenerse, se hace más difícil hacer la paz y son peores los desastres que habrá que remediar cuando la paz llegue por puro agotamiento de una o ambas partes contendientes. Pero la voz del papa es una voz solitaria que clama en el desierto, perdida en el fragor de los horrores de la peor conflagración que ha sufrido la humanidad.

Va terminando el año 1940 y el balance parece fantástico para Alemania y sus aliados, principalmente Italia, la única nación que ha aportado un número significativo de hombres y recursos a luchar contra los enemigos del “Reich”, incluso si esos esfuerzos han sido pobremente planificados y coordinados. En el mediano plazo, sin embargo, el panorama para los alemanes es más complejo y esta verdad no puede quedar oculta bajo el brillo de las fulgurantes victorias del último año, en particular, la inesperada victoria sobre la Tercera República Francesa.

Al estallar la guerra, en septiembre de 1939, las posibilidades de victoria para Alemania eran escasísimas. Los hombres de su ejército estaban bien motivados y entrenados, pero carecían de muchos elementos que probarían ser decisivos en el tipo de guerra que deberían enfrentar. La “Kriegsmarine” era relativamente potente y moderna, pero no era rival para la “Royal Navy” británica, mucho menos si su poder estaba combinado con la “Marine Nationale” de Francia. Sólo en el aire los alemanes se acercaban a la paridad, pero no llegaban a tener tampoco la ventaja. Al iniciarse 1940, Alemania había conquistado Polonia, sin que Francia y Gran Bretaña hayan movido un músculo para socorrer a su aliada, que quedaba aplastada bajo la cruel bota del nazismo. Pero fuera de darse el gusto de ocupar media Polonia (regalando la otra mitad a sus nuevos amigos comunistas), Hitler no había hecho nada decisivo contra Francia y Gran Bretaña directamente, que donde de verdad podrían decidirse las cosas.

La Campaña de Noruega se saldó con un éxito alemán, pero a un gran costo para los alemanes, en especial, para su marina, que tuvo que resignarse a confiar sólo en los submarinos como elemento capaz de dar un golpe serio a los británicos. Cuando la lucha en Noruego estaba casi decidida, se produjo el ataque alemán sobre los países bajos y Francia que, para sorpresa de todo el mundo (incluyendo a los propios alemanes) se cerró con una total victoria en un plazo de seis semanas y dejó a Gran Bretaña sola frente a una Alemania que se había convertido en dueño de casi toda Europa Occidental y Central, mientras que dejaba Europa Oriental a los soviéticos… por el momento.

A la larga, sin embargo, los alemanes necesitaban derrotar al Reino Unido y eso significaba arrebatarles o, al menos, cuestionar su absoluto dominio de los mares. Los submarinos consiguieron inquietar por un momento al almirantazgo de Londres, pero ya estaban bajo control cuando Estados Unidos estaba listo para luchar en África y Europa, para fines de 1942. Hasta bien entrado 1944, los submarinos alemanes fueron un factor preocupante para todo capitán mercante aliado, pero desde 1943, eran incapaces de comprometer el esfuerzo de guerra británico y, sobre todo, no podían impedir que se acumularan, en las Islas Británicas,  miles de toneladas de suministros producidos en Canadá y en Estados Unidos.

En estos últimos días de 1940, es claro que Hitler sólo podría imponer la paz a Churchill haciendo avanzar sus “Panzer” por las calles londinenses y eso ya no pasaría. El “Fuhrer”, de hecho, decide postergar la derrota de los británicos para cuando se resuelva otra de sus preocupaciones: la guerra contra la Unión Soviética, un proyecto que acaricia hace años. Hacia las interminables profundidades del territorio ruso orienta su atención. Pero en el interín, la “Wehrmacht” se va a involucrar en dos otras campañas, apoyando a su aliada Italia, que intentó expandir su Imperio, pero que ha sufrido enormes pérdidas  en el proceso. En África, una pequeña fuerza, al mando de un tal general Erwin Rommel, terminará transformándose en uno de los ejércitos más temidos de la historia. Y, en los Balcanes, por última vez, la “Wehrmacht” ondeará victoriosa la bandera de su país sobre dos capitales enemigas derrotadas: Belgrado y Atenas. El costo, sin embargo, será alto y se hará sentir cuando el “General Invierno” llegue en ayuda de los rusos.

El reloj corre en contra de Alemania, como ha sido desde el principio, incluso considerando las espectaculares victorias que han obtenido sus motivados soldados, dirigidos por sus brillantes oficiales.

La población de los países beligerantes celebra la Navidad como puede, si es que puede. Muchos viven el dolor de pasar esta fiesta familiar con la ausencia de un ser querido, que puede estar desplegado en un lejano frente de batalla, prisionero, desaparecido en acción o derechamente reportado como baja. En muchas ciudades británicas, especialmente Londres, los niños han sido evacuados a zonas rurales, lejos de sus familias, para sustraerlos a la devastación de los peores momentos del “Blitz”.

En la imagen, la representación artística de la Nochebuena de 1940 en un refugio antiaéreo construido bajo una cervecería en Camden Town, Londres.

Imagen tomada de http://www.iwm.org.uk/sites/default/files/styles/article_main_breakpoints_theme_iwm_responsive_desktop_1x/public/iwm_solr_field/large/A4_IWM_ART_LD_001899.tif_.jpg?itok=MZzlHYxp&timestamp=1450103008

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jueves, 24 de diciembre de 2015

Poema de Navidad nº 6

En Belén, en un pesebre, Niño Dios nos ha nacido,
vayamos todos a mirarlo, vamos, vamos, rapidito;
que es misterio éste muy grande que el Señor nos viene a dar,
con su Hijo que nos trae la paz de la Navidad.


Con el Niño, está María, que en el ángel tuvo fe
cuando fue para anunciarle, en el pobre Nazaret,
que de Dios sería Madre para mi felicidad,
porque entonces aceptó ser también nuestra mamá.


Y a los dos cuida José, varón justo, recto y bueno,
que una cuna preparó con un atado de heno,
pues posada no les dieron para el Niño Redentor

¡Que esta noche, pues, le abramos la de nuestro corazón!

Poema de Navidad nº 5

Estaba, esa noche fría, empezando a forrajear,
cuando llegó a mí un forastero ricamente ataviado.
Vestía el traje más espléndido que se pueda imaginar:
alto turbante de seda, con un diamante tocado,
jubón teñido de púrpura, bordado y de tafetán;
zapatos en punta hacia el frente, con hilos de oro acabados,
y metido en dorada vaina, el más agudo puñal,
que, en un costado quedaba, colgando de un lazo plateado.
Y así me dijo este sabio, que hasta Belén debía llegar
y de buena cabalgadura estaba necesitado,
y que, por cierto, escuché le habían llamado Gaspar,
sus dos alegres amigos, que un poco más retirados,
alcancé a oír se llamaban Melchor y Baltasar:

“Galopa, galopa burrito, sin demora y sin parar;
que ha nacido el Niño Dios y le quiero ir a adorar.
Con María y San José, en Belén, la de Judá;
ha nacido el Rey del Cielo en el suelo de un pajar.”

“Has de saber, burrito bueno —siguió diciendo Gaspar—,
que Jesús el Niño es llamado y de una Virgen ha nacido;
visitóla un día el arcángel, mientras oraba, para anunciar,
que en ella el Santo Espíritu llegaría descendido
y al Mesías llevaría en su seno virginal.
Este divino portento por el Señor fue prometido,
durante mil generaciones, a los hijos de Abraham
y, tras espera tan larga, por fin el Verbo Divino
llega hoy hasta Israel, que fue fiel al esperar.
Vamos, pues y no paremos, hasta Belén, nuestro destino,
que si hay amor por la persona que uno quiere visitar,
se hacen cortos los caminos
y es ligero el caminar.”

“Galopa, galopa burrito, sin demora y sin parar;
que ha nacido el Niño Dios y le quiero ir a adorar.
Con María y San José, en Belén, la de Judá;
ha nacido el Rey del Cielo en el suelo de un pajar.”

Iba yo muy orgulloso, cabalgado por Gaspar,
pues soy sólo un pobre burro y el Señor, siendo nacido,
a su palacio improvisado, me ha querido convidar.
Marchaba Melchor con nosotros, sobre un camello, dormido;
Baltasar, en tanto montaba en un caballo alazán.
Llevaba en sus alforjas, para ofrecer al Dios Niño,
los regalos apropiados para un príncipe imperial.
Ya muy cerca de Belén, fuimos todos detenidos
por el coro de los ángeles que no paraba de alabar
la misericordia del Señor, que ha enviado a su Hijo,
para pagar nuestro rescate y así nos podamos salvar.
Dejóme un tiempo ese canto, como distraído y detenido,
y con suave admonición, mi atención llamó Gaspar:

“Galopa, galopa burrito, sin demora y sin parar;
que ha nacido el Niño Dios y le quiero ir a adorar.
Con María y San José, en Belén, la de Judá;
ha nacido el Rey del Cielo en el suelo de un pajar.”

Faltándonos una cuadra o poco más para llegar,
la más intensa luz que mis ojos hayan visto
llegóme derecho al alma y no pude más avanzar.
Envuelto en una cobija, estaba el Niño Divino;
a su lado, la Virgen María lo trataba de abrigar,
rodeada de los animales que, en el pesebre reunidos,
esa noche fueron, de Dios, séquito, corte y guardia real.
Quédeme embobado y tieso, como adherido en el camino,
y una reverencia quise hacer, olvidando al pobre Gaspar,
que en medio de mi intento, hubo perdido el equilibrio
y cuán largo todo era, hasta el suelo fuese a dar.
Parándose a duras penas, encorvado y dolorido,
sacudiéndose la tierra, pero riendo sin parar,
dijo así: “para otra vez, mi buen amigo,
cuando quieras agacharte, ten cuidado de avisar,
y mostrando ese respeto que se debe al Cristo Niño,
los dos juntos, de rodillas, le podremos adorar.”

“Galopa, galopa burrito, sin demora y sin parar;
que ha nacido el Niño Dios y le quiero ir a adorar.
Con María y San José, en Belén, la de Judá;
ha nacido el Rey del Cielo en el suelo de un pajar.”

Era el Niño revestido de esplendor angelical;
le contemplaba San José, su padre terreno adoptivo,
que salió hasta nuestro encuentro una vez nos vio llegar.
Me acerqué yo muy de a poco, con vergüenza de mí mismo,
hasta donde estaba el Niño y su madre virginal.
La Señora acaricióme y me habló, luego, bajito:
“Nos han dicho estos tres sabios, que a Jesús quieren dañar
poderosos de este mundo, temerosos de un Niñito…
De mañana, deberemos, hacia Egipto escapar,
mas ya ves que el Niño Dios es aún muy pequeñito
y muy bien que nos vendría un burrito al que montar
¿Nos llevarías en tu lomo para alejarnos del peligro?”
¡Oh, qué honor, qué privilegio! ¡Al Señor he de llevar!
Ya se ve que a todos llama el buen Jesús a su servicio:
al que es pobre y al que es rico, a todos quiere por igual,
a los llenos de virtudes e inclusive a este burrito,
cuyo único talento es ser duro al trabajar.

Poema de Navidad nº 4

Ven al mundo, Niño Jesús amado,
que de la Virgen has nacido.
Ven pronto, Señor, para enseñarnos,
con tu amor de Dios hecho niño,
que nos amemos como hermanos
todos los que somos tus hijos,
y queden para siempre desterrados
la guerra, el odio, el desamor y el egoísmo.


Ven a esta patria en que nacimos
a bendecir nuestros esfuerzos diarios
y enséñanos a ser agradecidos
por el pan que nos da nuestro trabajo.
Recuérdame, Señor, por si lo olvido,
que las riquezas vienen de tu mano,
que valen más los bienes compartidos
y ganados respetando tus mandatos.


Vente al hogar en el que vivo
junto a mis seres más amados.
Trae tu estrella y, con su brillo,
ilumina la familia que me has dado.
Y nunca más nos dejes, mi Niñito,
quédate por siempre a nuestro lado,
con San José, tu padre adoptivo,
y Santa María, la madre que nos has dado.

Poema de Navidad nº 3

I
Tú, Señor, creaste el Sol benefactor,
y la fragua del volcán ardiente,
Tú gobiernas el rayo tronador
y el cometa viajero incandescente.
Pero has escogido la renuncia, Niño Dios,
y enseñarnos la humildad del indigente
y, aunque dueño de la luz y del calor,
no tienes fuego o abrigo que caliente,
ni luz que descubra el interior
de tu palacio improvisado en el pesebre.

II
Tú, Señor, de los constructores, el primero,
que con trazo divino diseñaste
la arquitectura del enorme firmamento,
y como escenario mejor lo preparaste
para que estrellas y planetas interpreten su concierto.
Que las montañas desde el suelo levantaste,
a modo de la ojiva de un templo eterno,
y las hondas cavernas excavaste,
como las bóvedas de un banco para sueños.
Pero en lección de humildad divina renunciaste
a disponer para ti siquiera un pobre techo
que a tu Sagrada Familia cobijase.

III
Tú, Señor, que con un gesto puedes convocar
a tus serafines, querubines, arcángeles y principados,
y a todos los ángeles alados de tu incontable milicia celestial.
Que tienes el poder del universo en la palma de tu mano
y te pertenece la infinita y eterna dignidad
de ser el amo y dueño de todo lo creado.
De nuevo, Señor, elegiste la humildad,
y como indefenso bebé te has presentado
ante la improvisada corte real
de unos cuantos pastores asombrados,
de sus ovejas y animales de tiro y de labrar,
que fueron de Ti privilegiados,
de la primera Nochebuena contemplar.

IV
Tú, Señor, para quien nada es imposible,
que los panes y los peces multiplicas,
que el agua en dulce vino convertiste,
que sobre aguas tempestuosas Tú caminas
y que al mundo de sus males redimiste,
yo, Señor, te pido me concedas lo que tu siervo aquí te solicita:
que conviertas mi corazón en tu pesebre
y seas de mi hogar ilustre y amada visita,
y no te vayas nunca, lo pido humildemente,
quédate en mi casa, Niño Dios, con San José y Santa María.


Poema de Navidad nº 2

Sed de cien centurias en el alma de Israel,
viene esta noche a saciar el Emmanuel.
En portento misterioso, anuncios por doquier,
los ángeles del Cielo han traído al descender,
reunidos en Coro, con más que humana voz,
cantan en el desierto al rey mago y al pastor:
“gócense y alégrense en la misericordia del Señor,
que en Belén de Judá nos ha nacido un Salvador”.

Como la luz atraviesa el cristal, así fue como nació,
el Niño Dios que, a su Madre, intacta Virgen preservó,
que por milagro de su Hijo no hubo de conocer varón,
y por amor de su corazón nunca pecado cometió.
Por su divina voluntad, el Señor escogió
tomar sobre sus hombros a todo pecador
para borrar de una vez a la muerte y al dolor
y hacer triunfar el amor que en el pesebre se vertió.
Y ser, para todos, vida, guía, sustento,
agua fresca, luz del sol, alimento,
consuelo, paz, alegría, contento,
esperanza, anhelo, amor fraterno,

promesa de salvación y puerta del Cielo eterno.

¿Nació realmente Jesús el 25 de diciembre del año 1 a. de C.?

  Hace poco, leí un artículo de National Geographic, escrito por una supuesta “especialista”, que repetía algunas tonterías, que de tanto se...