miércoles, 31 de diciembre de 2025

¿Nació realmente Jesús el 25 de diciembre del año 1 a. de C.?

 



Hace poco, leí un artículo de National Geographic, escrito por una supuesta “especialista”, que repetía algunas tonterías, que de tanto ser repetidas, han pasado a ser aceptadas incluso por gente más o menos culta, respecto de la fecha de nacimiento de Jesucristo y, por tanto, respecto de la pertinencia histórica de la celebración de la Navidad el 25 de diciembre.
La Iglesia nunca ha pretendido afirmar con precisión absoluta que el nacimiento de Jesús ocurrió exactamente el 25 de diciembre del año 1 a . de C., como si fuera verdad revelada. Más que nada, es la fecha que tradicionalmente se ha usado en el calendario litúrgico, para conmemorar la Navidad y, de ese modo, contemplar los misterios de Jesús en esta tierra, para seguir el Camino, que es Él mismo. Los Evangelios y la Sagrada Escritura en general remiten a este único propósito: revelarnos al Señor, que se hace hombre en Jesús de Nazaret. No pretenden satisfacer nuestra curiosidad, ni reunir todos y cada uno de los detalles que podrían ser interesantes para un erudito, pero que son irrelevantes si la idea es leer la Escritura como una forma de hacer oración.
Dicho eso, si lo que se quiere es entretenernos en un ejercicio erudito, podemos hacernos la pregunta: ¿nació realmente Jesús el 25 de diciembre del año 1 a. de C. o en alguna fecha muy cercana?
1. A menudo, oímos que la Navidad es “pagana”, debido a la coincidencia con el solsticio. En realidad, el solsticio es el 21, de modo que la objeción tiene poco asidero. También se dice que la Iglesia “inventó” la fecha, para continuar con la tradición de las Saturnales, una festividad dedicada al dios Saturno. De nuevo, incorrecto. Los datos que aportan las fuentes sobre las Saturnales son escasos e inconexos, y no permiten afirmar más que cierta cercanía en las fechas, pues las Saturnales se iniciaban el 17 de diciembre. A lo largo de la prolongada historia de la Roma republicana e imperial, la festividad se movió y amplió, debido a los cambios en las costumbres y los calendarios, pero ninguna fuente permite afirmar continuidad entre la festividad dedicada a ese dios pagano y la Navidad. Durante un breve tiempo, al final de la República, el festival llegó a durar siete días, hasta el 25 de diciembre, pero Calígula lo comprimió nuevamente a solamente cinco días de festividad (Suetonio, “Vida de Calígula”, 17).
2. También se ha dicho que la fecha coincidía con el “Dies Natalis Solis Invicti” (“Natalicio del Sol Invicto”), festividad pagana dedicada al dios Sol. El Imperio cristianizado (a través de Constantino el Grande, “el sospechoso de siempre”) se habría “robado” la fecha para su Navidad. Sin embargo, fue recién el Emperador Aureliano (r. 270-275) quien dejó bien establecida la fiesta, mientras que los testimonios de la Navidad identificada con el 25 de diciembre son más antiguos y para el momento en que Aureliano estableció la fiesta del Sol, los cristianos hacía tiempo que tenían fija la fecha de la Navidad en el calendario litúrgico (cf. punto 6. más adelante, sobre Hipólito de Roma).
3. Todo lo que dicen los Evangelios de la fecha del nacimiento viene dado por el censo que ordenó un “edicto de César Augusto” (Lc 2, 1), promulgado “cuando Quirino era gobernador de Siria” (Lc 2, 2). Augusto fue la figura más poderosa de Roma durante más de cincuenta años, así que un “edicto de César Augusto” es una referencia demasiado amplia. En cuanto al gobernado Quirino, el historiador judío, Flavio Josefo, registra como único censo bajo su gobierno uno ocurrido en 6 d. de C. (“Antigüedades Judías, XVIII, 26). Sin embargo, otros testimonios, incluyendo una inscripción hallada en el siglo XVIII, indican que Quirino tuvo puestos de responsabilidad, al menos, durante dos períodos y que, entre los años 12 y 2 a. de C. ejerció un mando militar en la zona. Por tanto, pudo ordenarse un “primer empadronamiento” (Lc 2, 2) en torno al año 1 a. de C., distinto del que registra Josefo, varios años después del nacimiento de Jesús. El mismo evangelista, al referirse a la posición de Quirino, usa la expresión griega “hegemoneuo”, que puede traducirse muy ampliamente como “jefe” con mando militar. Recordemos que Tierra Santa no era todavía una provincia romana del todo y que, por tanto, las atribuciones de los funcionarios romanos eran muy variables y cambiantes.
4. Suele afirmarse que Jesús no nació el Año 1 y que tampoco nació el 25 de diciembre de ese año. Con el nivel actual de conocimiento, no podemos afirmar, ni negar tajantemente dicha afirmación. Sin embargo, existen argumentos contundentes para sostener la verosimilitud de la fecha tradicional de la Natividad como real, a partir de diversas fuentes, incluyendo los evangelios (especialmente el de San Lucas, cuando se trata de conocer la infancia de Jesús).
5. Tenemos testimonios tan antiguos como el de Ireneo de Lyon, quien vivió en los siglos I y II. Hasta donde se sabe, es el primer estudioso cristiano en datar el nacimiento de Jesús, después de los evangelios. En su obra, “Adversus Haereses”, Ireneo afirma que el nacimiento del Señor se produjo alrededor del año 41° del reinado de César Augusto (Blumell y Wayment, 2012). Ireneo no está contando desde la Batalla de Actium (30 a. de C., cuando eliminó a sus rivales, Marco Antonio y Cleopatra), ni tampoco cuando el Senado le otorgó el título de Augusto (27 a. de C.), pues ambas son fechas funcionales a nuestra historiografía moderna, que comprende que sólo entonces se convirtió en el amo indiscutido del Imperio. Ireneo está haciendo el cálculo desde el momento en que se convierte en heredero de Julio César (asesinado el 44 a. de C.) o desde el momento en que Augusto fue nombrado cónsul (43 a. de C.). El autor indica la fecha como “cerca de”, “alrededor de” (“circa”). No pretende ser minucioso, porque quiere conectar el nacimiento con el hecho histórico del gobierno de Augusto, más que dar con una fecha exacta, que importaba y sigue importando poco.
6. Clemente de Alejandría, filósofo y teólogo cristiano de los siglos II y III d. de C., escribe que, en su época, se aceptaba que Jesús había nacido el año 28° de Augusto. Es imposible que siguiera el mismo cómputo que San Ireneo, porque tendría que acercarse al año 16 o 15 a. de C., lo que es demasiado temprano, incluso para una época tan lejana en el tiempo y difícil para la cronología. Como escribe desde Alejandría, Egipto (aunque era ateniense de nacimiento), Clemente está haciendo la contabilidad desde la Batalla de Actium, cuando Egipto se convirtió efectivamente en provincia romana. Hipólito de Roma, en su comentario a la profecía de Daniel, en 205 d. de C., escribe que Jesús nació el 25 de diciembre del año 42° del reinado de Augusto. Tertuliano (siglo III), Eusebio (siglo IV) y Epifanio (siglo V) coinciden en que Jesús nació en el año 42° del reinado de Augusto. Los tres están contando los años desde la perspectiva romana y no egipcia, es decir, desde el consulado de Augusto o desde el momento en que Octavio se convierte en heredero de Julio César y se transforma en quien conocemos, hasta hoy, como César Augusto (Blaha, 2018). De todos estos testimonios, concluimos que, desde los primerísimos y más antiguos tiempos del cristianismo, se aceptaba la fecha tradicional del 25 de diciembre y el año de nacimiento durante o muy cerca de lo que actualmente denominamos año 1 d. de C.
7. El Evangelio de San Lucas y otras fuentes históricas permiten hacer otras precisiones y hacer más aceptable todavía la fecha del 25 de diciembre del año 1 d. de C. como la correcta. El estudioso checo, Jan Pouc, sacerdote, catequista e historiador de mediado del siglo XX, realizó un profundo estudio de la cronología neotestamentaria. Como vivió gran parte de su vida bajo la tiranía comunista, su trabajo se tuvo que publicar de manera póstuma. Su obra se basa en los pocos datos cronológicos aportados por la Sagrada Escritura, así como otras fuentes judías y datos aportados por otras culturas, respecto de la observación de los ciclos de la luna, tan importante en los calendarios antiguos. Durante mucho tiempo, se especuló que Jesús había nacido en torno a los años 4 y 6 a. de C. y que, por tanto, el cálculo del monje y matemático, Dionisio el Exiguo (siglos V y VI), era erróneo. La confusión se origina en suponer que Herodes murió alrededor del año 4 a. de C., para que esta fecha cuadrara con una alineación de planetas ocurrida en el año 7 a. de C., supuestamente conectada a la Estrella de Belén, y un eclipse lunar ocurrido el año 4 a. de C., conectado con la muerte del Rey Herodes (Pouc, citado por Blaha, 2016, y Glaser, 2015).
8. Cuando Dionisio el Exiguo recibió el encargo de datar las fechas desde el nacimiento del Señor, su tarea se reducía simplemente a repetir un hecho indiscutiblemente aceptado por toda la Cristiandad hasta ese momento: que Jesús había nacido el 25 de diciembre del año 752 AVC (AB VRBE CONDITA, “Desde la Fundación de la Ciudad”, es decir, desde la fundación de Roma) y que, por tanto, la “Era Cristiana”, se iniciaba el 1 de Enero del 753 AVC, que todavía conocemos como año 1 d. de C. Pouc sostiene que Dionisio recogió un cálculo correcto, basado en los datos que aporta Josefo, donde se menciona una interacción entre Herodes y cierto Sumo Sacerdote, llamado Matías, que ocurrió el mismo día en que hubo un eclipse y en el cual los judíos observaban un ayuno. En 1990, el astrónomo J. P. Pratt descubrió que se produjo un eclipse, visible en Jerusalén el 29 de diciembre del año 1 a. de C. En cuanto a la Estrella de Belén, no hay fenómeno astronómico con el que se pueda hacer coincidir, salvo que Herodes haya muerto el año 4 a. de C. y no el año 1 d. de C., como afirma Pouc. La conclusión es que la estrella que guio a los magos venidos desde Oriente fue un fenómeno celeste que no hemos podido reconstruir históricamente o un fenómeno milagroso, que tal vez pudo ser visible sólo para los magos y su séquito. Posiblemente nunca lo sabremos a ciencia cierta (Blaha, 2016).
9. La fecha del 25 de diciembre también es aceptable, si la calculamos en base a lo que sabemos de la concepción de San Juan Bautista, transmitida por San Lucas. El evangelista nos presenta a los padres del Bautista como “un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, cuya mujer, descendiente de Aarón, se llamaba Isabel. Los dos eran justos ante Dios y caminaban intachables en todos los mandamientos y preceptos del Señor; no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos de edad avanzada” (Lc 1, 5-7). Según Lucas, a Zacarías le fue anunciado el nacimiento de su hijo por el arcángel Gabriel, “cuando le tocaba el turno” (Lc 1, 8 ). Una tradición oriental antiquísima y persistente conmemora el anuncio angélico a Zacarías cada 23 de septiembre, y la fecha tiene cierto asidero. En 1958, el académico israelí, Shemaryahu Talmon, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, fue capaz de reconstruir el sistema de turnos sacerdotales del Templo en tiempos neotestatmentarios, a partir de datos hallados en los Rollos del Mar Muerto. Gracias a estos hallazgos, sabemos que el grupo de Abías servía dos veces al año en el templo y uno de esos dos turnos abarcaba al día 23 de septiembre. Esta conclusión quedó reforzada por los estudios hechos paralelamente por la investigadora francesa, Annie Jaubert (Blaha, 2016).
10. El 23 de septiembre del 2 a. de C. cayó martes. Por tanto, el servicio de Zacarías en el templo para ese turno ocurrió desde el sábado 20 de septiembre, hasta la tarde del sábado 27 de septiembre. Lucas continúa diciendo que “cuando se cumplieron los días de su ministerio, se marchó a su casa. Después de estos días Isabel, su mujer, concibió” (Lc 1, 23-24). Es decir, la concepción de San Juan Bautista ocurrió el 27 de septiembre o los días inmediatamente siguientes, es decir, durante los últimos días de septiembre del año 2 a. de C. San Lucas prosigue: “En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María” (Lc 1, 26-27). Es decir, la Encarnación del Redentor se produjo a fines de marzo del año 1 a. de C. Para reforzar la referencia temporal, San Lucas relata que el arcángel Gabriel reveló a la Virgen que Isabel, esposa de Zacarías y madre del Bautista, prima de María, “en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes” (Lc 1, 36). Y si contamos nueve meses de embarazo de María desde fines de marzo, llegamos a fines de diciembre del año 1 a. de C.
Conclusión 1: es posible que Jesús haya nacido efectivamente el 25 de diciembre de lo que identificamos actualmente como el año 1 a. de C.
Conclusión 2: conocer la fecha exacta es imposible con absoluta certeza y no tienen ninguna importancia si uno lee la Sagrada Escritura como forma de oración. Los ejercicios eruditos son divertidos, pero no ayudan al perfeccionamiento espiritual necesariamente.
¡Feliz Navidad!
Referencias:
• Santos Evangelios, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 2017
• Flavio Josefo, “Antigüedades Judías”, Akal, Madrid, 1997
• Cayo Suetonio Tranquilo, “Vidas de los Doce Césares”, Gredos, Madrid, 1992
• Blaha, Vladimir y Glaser, Milan; “The Great Testimony of Flavius Josephus for the years 63 BCE to 70 CE”, Academia.Edu, 2016
• Blaha, Vladimir; “When was Jesus Christ actually born?”, Academia.Edu, 2018
• Blumell, Lincoln y Wayment, Thomas; “When Was Jesus Born? A Response to a Recent Proposal”, Brigham Young University Studies Quarterly, vol. 51, núm. 3, artículo 3 • Crédito de la imagen: istockphoto.com, usuario: Iosw

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Plegaria Patriótica y Dieciochera

Es patria, porque es la tierra de nuestros padres, aunque se ama con la ternura de madre con que la Mistral eterna le cantaba a los piececitos de niño. 

Es el sueño de Valdivia, que le contaba al César el futuro esplendor que el extremeño supo ver, ahí donde nadie más veía nada. 

Es la porfía del mapuche, que aprendió de todo del europeo y más tarde del criollo, menos a rendirse, y dejó de pelear por su tierra, sólo cuando en su espalda estaba la mar y en su pecho la mejor espada de Sudámerica, que había conquistado tres veces Lima, pero tenía todavía pendiente la conquista de Arauco. 

Es el suelo sagrado, que bendice y se adhiere a los pies callosos de los huasos descalzos, que lo trabajan con esfuerzo heroico, hasta extraer de su entraña el mejor vino del mundo y el grano con que hacían pan mi mamá, tu mamá y las mamás de sus mamás. Y es sagrado también, porque es como un altar, donde el Señor dejó para siempre ese pan y ese vino, en que se nos da cada domingo. 

Es entraña riquísima de carbón lotino, de salitre tarapaqueño, de cobre del Norte Grande y de plata de Chañarcillo, que son como joyas regaladas por Dios, para adornar la corona de la Reina del Carmelo. 

Es la historia llena de las glorias de, Chacabuco, Maipú, Casma, Abtao, Yungay, Iquique, Angamos, Dolores, Arica, Miraflores, Chorrillos, La Concepción, Sangra y Huamachuco. Y de las glorias de las ciencias y las letras y la industria que tenemos y tendremos. 

Es la historia de un parlamento viejo y de una democracia vieja, capaz de grandes acuerdos y, a veces, de grandes desacuerdos. Que a veces se vuelven odios, hasta volver a ser amor solidario, de pueblos damnificados y niños de Teletón. 

Es la noche más clara que existe, tanto que vienen los sabios del mundo, a descubrir en nuestro cielo los secretos de todas las estrellas. Y será por eso mismo que hay tanto poeta, tanto cantor, tanto verso y tanto enamorado. 

Es cordillera alta, baluarte infranqueable, que acuna en su regazo mil valles estrechos y costa larga interminable, adonde acaban cien ríos breves e intensos. 

Es la calma de una tarde sureña, la alegría nortina de la eterna primavera y el ritmo incansable de ese Santiago que cuidamos poco y que deberíamos amar mucho. 

Es el paisaje más bello de mundo. Es desierto enmarcado de Parinas del Chungará, vuelo de cóndor en precordillera, bosque denso de Nahuelbuta y de Valdivia, atardecer dorado de verano en Chiloé, es lago nevado de invierno cordillerano, pampa agreste de Patagonia y playa Rapa Nui bajo moai milenario. Y es rostro de mujer chilena, más bello que todos los bosques, cordilleras, cielos y atardeceres juntos, que nos hace soñar, vivir y escribir líneas como éstas. 

Es Chile, es tuyo, es mío, es nuestro. Es lo que hay que cuidar, para que siga siendo así, cuando ya no estemos nosotros y sean nuestros hijos los que sientan en el pecho el orgullo de ser chilenos.

viernes, 16 de mayo de 2025

Hace 85 años. 17 de mayo de 1940. Segunda Guerra Mundial

Hace 85 años 
17 de mayo de 1940
Se inicia la debacle...


En los últimos siete días, la ofensiva alemana en el Oeste ha llevado a las fuerzas aliadas a una situación estratégica crítica. El ataque alemán se abrió el 10 de mayo con dos espectaculares acciones aerotransportadas. En Bélgica, 80 soldados alemanes llegaron en planeadores hasta el Fuerte de Eben Emael, considerado inexpugnable, y lo neutralizaron en un osado golpe de mano, hasta que llegaron las tropas regulares alemanas y obligaron a la guarnición a rendirse. Así, una de las fortalezas principales del dispositivo defensivo belga, que se esperaba detuviera a los atacantes durante semanas, era capturada en menos de dos días. El camino hacia Bélgica quedaba abierto. 

En tanto, en Holanda, 12.000 paracaidistas alemanes caían a las espaldas de las principales líneas defensivas. El objetivo de los paracaidistas alemanes era doble: por una parte, facilitar el ataque principal de la infantería y tanques, al capturar los numerosos puentes necesarios para moverse en el acuoso territorio holandés; por otra, se intentaba capturar La Haya, sede del gobierno y del alto mando militar, descabezando al Ejército y la administración civil, intentando una rendición instantánea de Holanda. El asalto aéreo, sin embargo, fue fallido en su mayor parte y gran parte de los paracaidistas alemanes se convirtieron en bajas o fueron tomados prisioneros. De todos modos, su presencia significaba que los mandos holandeses debieron preocuparse de un frente extra, creado en el corazón mismo del país, que los obligó a distraer fuerzas que, de otra forma, podrían haber reforzado las líneas defensivas principales.

El 12, a dos días de iniciado el ataque, los franceses intentan contraatacar en Bélgica, produciéndose, en Hannut, la mayor batalla de tanques registrada hasta la fecha. La espectacularidad de las acciones aerotransportadas en Bélgica y Holanda reafirmó la convicción del alto mando aliado, especialmente del comandante en jefe francés, Maurice Gamelin, de que la ofensiva repetiría la estrategia de 1914. Los franceses respondieron enviando hacia la trampa de Bélgica a sus mejores ejércitos, incluyendo el 1° y el 7°, que concentraban la mayor y más moderna parte de las unidades blindadas francesas: las “Divisiones Ligeras Mecanizadas” y las “Divisiones de Coraceros de Reserva”, además de las potentes divisiones de infantería motorizada. Junto a lo mejor del Ejército Francés, la “BEF” (“British Expeditonary Force”) también avanzó hacia el norte en pleno, dejando tropas de segunda línea defendiendo lo que sería, en definitiva, el punto decisivo en el ataque alemán: las Ardenas y, más concretamente, Sedán.

El 13 de mayo, se produjo la ruptura del frente Aliado en Sedán. Los mandos aliados todavía creían que la batalla principal se daría en Bélgica y pensaban que lo ocurrido en las Ardenas era una distracción. Con el correr de los días, seis “Panzerdivisionen” se colarían en la retaguardia de las principales tropas aliadas, a través de una región considerada, hasta 1940, como impasable para los tanques. Para ese momento, la mayor parte del poderoso 7° Ejército Francés había llegado hasta el sur de Holanda, donde se suponía debía enlazar con las fuerzas locales y proteger el flanco norte del Ejército Belga. 

El 14, Gamelien empezó a comprender que había conducido a sus fuerzas a una gigantesca trampa. El poderoso 7° Ejército Francés recibió órdenes de deshacer el camino andado y volver a toda prisa hacia el sur, a tratar de taponar la brecha que se había producido en el frente de las Ardenas. Sin embargo, los desplazamientos de los anteriores días habían cobrado un alto precio en las energías de los soldados y en la mecánica de los vehículos, que empezaron a sufrir muchos desperfectos . A estas desventajas, los desmoralizados franceses debían sumar la presencia de los aparatos de la “Luftwaffe”, que no paraba de hostigar sus líneas y de derribar a los aviones del “Armée de l'air” que intentaban oponérseles. Aislada del resto de las tropas aliadas y con los tanques alemanes ya dentro de sus defensas principales, Holanda decidió rendirse el 14 y firmó la capitulación de sus fuerzas el 15. Ese mismo día, los alemanes cruzaron el Mosa masivamente con sus tanques. En la guerra anterior, las mucho más poderosas tropas del Kaser estuvieron cuator años estrellándose contra las defensas aliadas, sin abrir brecha. Esta vez, lo habían conseguido luego de cinco días.

El 14, los tanques franceses se retiraron de Hannut, a pesar de haber luchado con relativo éxito contra los "Panzer". Las alarmantes noticias obligaban al mando francés a reubicar todas sus piezas. 
Aunque el resultado fue estratégicamente favorables a los alemanes, en sus batallas en Bélgica, los modelos franceses se mostraron muy superiores a los carros de combate germanos, que lograron sus objetivos gracias al apoyo de su fuerza aérea y a la superior coordinación entre sus unidades. De todos modos, en su enfrentamiento con los tanques franceses, los alemanes sufrieron graves pérdidas que les hicieron considerar la debilidad de la mayoría de sus blindados.

Winston Churchill había asumido el gobierno británico el pasado 10 de mayo, al mismo tiempo que los alemanes iniciaban su invasión, El 16, visitó París, dándose cuenta de que la situación de las fuerzas aliadas rápidamente está pasando desde crítica a desesperada. Mientras tanto, la fuerzas aéreas aliadas (franceses y británicos; los holandeses ya se habían rendido y la “Aeronautique Militaire” belga había sido borrada del mapa prácticamente en los dos primeros días de lucha) intentaban, sin éxito, destruir los puentes sobre el Mosa para prevenir el paso de más fuerzas blindadas y motorizadas alemanes hacia la retaguardia aliada.

El 17, los alemanes entran en Bruselas, que se une a Viena, Praga, Varsovia, Oslo, Copenhague, Luxemburgo y Amsterdam en la lista de capitales europeas holladas por la bota nazi. Un día antes, el gobierno belga había abandonado el país con dirección a Burdeos. Pronto tendría que partir hacia Londres.

En la imagen, soldados alemanes inspeccionan un grupo de tanques franceses modelo “SOMUA S-35”. El SOMUA demostró ser superior a los carros alemanes en muchos aspectos. Lo mismo pasó con otros modelos de tanques franceses y británicos que individualmente eran mejores que sus contrapartes alemanes y usualmente les 
causaban sensibles pérdidas en sus enfrentamientos directos. Sin embargo, durante la campaña de mayo de 1940, rara vez los franceses supieron explotar sus escasos éxitos y, en cambio, los alemanes siempre fueron capaces de extraer lo mejor de las circunstancias, aunque estaban superados numérica y técnicamente.





Imagen tomada de http://www.worldwarphotos.info/wp-content/gallery/france/tanks/somua_s35/Somua_S35_tanks.jpg



miércoles, 30 de abril de 2025

1940, en la Víspera de Mayo.

 Hace 85 años

30 de abril de 1940

Segunda Guerra Mundial

Los Aliados se preparan para evacuar los principales puertos noruegos. Los Aliados dominan el mar y, en teoría, pueden hacer llegar hasta Noruega cuantos refuerzos necesiten. Sin embargo, los alemanes han mantenido la iniciativa, a pesar de sufrir irreparables pérdidas navales y, al terminar abril de 1940, controlan las principales ciudades noruegas, ocupan todo el sur del país y han obligado a los franco-británicos a retirarse hacia el norte, donde intentarán recapturar el importantísimo puerto de Narvik, como punto de apoyo para tratar de cambiar el destino de una campaña donde la situación de las tropas aliadas está pasando desde mala a grave. Con todo, la guerra está en la víspera de otra gran campaña: la ofensiva alemana sobre Francia y los Países Bajos, que será lanzada el 10 de mayo y significará poner a la Tercera República Francesa fuera de combate en sólo seis semanas.

Los espectaculares éxitos alemanes de 1940 eran impensables, incluso para los propios alemanes. En el papel, la alianza de Gran Bretaña y Francia parecía imposible de superar por una Alemania que no tenía aliados directos todavía y que, a pesar de haberse rearmado notoriamente, no había terminado su preparación para la guerra cuando ésta estalló en septiembre de 1939. Por un lado, el Reino Unido y Francia tenían, respectivamente, la marina y el ejército más poderosos del mundo en la época, eran países que contaban con grandes recursos económicos, tenían grandes poblaciones y eran los centros de los dos mayores imperios coloniales. Cuando Alemania atacó además a Bélgica y Holanda, agregó como enemigos a dos países pequeños en el mapa europeo que, no obstante, eran también el centro de grandes imperios coloniales. Los Aliados tenían más aviones, más tanques, más buques de guerra, más cañones, controlaban casi todo el petróleo del mundo, controlaban también la producción de casi todas las materias primas críticas y podían contar con el respaldo norteamericano, al menos económico, en ese momento.

La Alemania de 1940, en cambio, en muchos aspectos era un rival más débil que el Imperio Alemán del Káiser que, en 1914-1918 intentó infructuosamente romper la resistencia aliada del Frente Occidental durante cuatro largos años. La marina alemana de 1940, la “Kriegsmarine”, no suponía una amenaza real para la poderosísima “Royal Navy” británica, a diferencia de la mucho más fuerte “Kaiserliche Marine” de 1914. El Ejército Alemán de 1914 llevaba décadas preparándose y es posible que, para entonces, fuese el mejor equipado de su tiempo; el mismo ejército, en 1940, había tenido mucho menos tiempo para rearmarse y, aunque estaba aceptablemente bien equipado, había aspectos en que las carencias materiales eran muy grandes, como la artillería y los tanques, que debieron ser subsanadas con mucho ingenio por los comandantes alemanes. Eso sí, debe mencionarse que las tropas alemanas de 1940 estaban muy motivadas y dirigidas por algunos de los generales más brillantes de su tiempo. El único ámbito en que Alemania ostentaba cierta superioridad material y tecnológica era en la aviación, especialmente en la aviación de caza, donde el Messerschmitt Bf-109 no tenía rival, si era conducido por un piloto capaz. Pero esa superioridad duraría poco y ya sería muy relativa antes de terminar 1940.

La aplastante, rápida y humillante serie de derrotas que Alemania propinó a Gran Bretaña, Francia y sus aliados en la primavera-verano de 1940, a menudo se ha querido explicar mostrando a Alemania como una máquina de guerra armada hasta los dientes, materialmente invencible, que pasó por arriba de los Aliados, inferiores en número y equipamiento. Lo cierto es, sin embargo, que los Aliados disponían de muchos mejores recursos que los alemanes y fueron derrotados por una mezcla de imprevisión, mala coordinación e ineficiente liderazgo político y militar. Desde luego, la determinación de los soldados alemanes y la genialidad de algunos de sus comandantes fue clave en saber aprovechar las indecisiones de los que entonces eran sus enemigos.

En la imagen, un “Char B1 bis” fotografiado en su montaje actual en un museo. Este “Chair de Bataille” –“Carro de Batalla”— francés era prácticamente impenetrable para la mayoría de los cañones antitanque alemanes, salvo en puntos y ángulos muy específicos. Era muy robusto y bien armado, pero tenía poca autonomía y era lento, además de propender a la falla mecánica con facilidad. Los franceses, que esperaban repetir el escenario de la guerra anterior, lo concibieron como un arma para la guerra de trincheras, completamente inapropiado para la guerra de rápidos movimientos que los alemanes estaba desencadenando en Noruega y estaban a punto de lanzar sobre los mismísimos campos de Francia.

Imagen tomada de http://www.panzer-modell.de/.../char%20b1%20bis/013g.jpg 
V







lunes, 14 de abril de 2025

Pascua y Pésaj

Mientras los cristianos conmemoramos las fechas más importantes de nuestro calendario litúrgico, los judíos miran también hacia la historia sagrada, viviendo “Pésaj”, la Pascua Judía, que recoge la huida desde Egipto hacia la libertad de la Tierra Prometida. 

He tenido el inmenso privilegio de participar en muchas mesas de “Shabat” (o “Sabbat”) y en alguna de “Pésaj”. Siempre me ha conmovido la continuidad milenaria judía, que se resiste a disolverse, a pesar del paso del tiempo. Una comunidad casi siempre minoritaria y, en los momentos más prósperos de su historia, un estado relativamente pequeño, rodeado de amenazas a su independencia. Contra todo pronóstico razonable, los judíos siguen existiendo. Nadie se declara heredero moderno y directo de los babilonios, de los faraones, de los mitanni, de los asirios o de los seléucidas. Lo más parecido es la romanidad de los católicos, pero somos pocos los que la vivimos conscientemente. Sin embargo, los judíos le han porfiado a la historia y siguen declarando que son uno con esos viajeros errantes, guiados por Dios en un recorrido desértico de 40 años y en un recorrido azaroso de 40 siglos. Sólo la acción providente de Dios puede explicar esta persistente resistencia a la extinción, que debe calificarse de milagro histórico. 

 En estos tiempos, son muchos los que sonríen irónicamente cuando uno afirma que cree en Dios o incluso cuando uno lo menciona, como he hecho recién ¿No nos sentimos acaso acorralados, los creyentes; avasallados en nuestras creencias; a menudo, incluso no se nos falta el respeto a lo que nos es más sagrado como cristianos? El cristiano practicante es una minoría considerada, por algunos, como un grupúsculo ridículo, anacrónico y extraño que debe extirparse o edulcorarse, al menos, para que no se vea tan diferente al resto y no ose oponer su voz impertinente a lo políticamente correcto. Esa sensación de agobio en un mar laicista de indiferencia y hostilidad, que para nosotros no es más reciente que la Revolución Francesa de 1789, para los judíos es tan antigua como la diáspora.

 
La primera vez que asistí a un Sabbat, hace más de 25 años, me dieron una toalla de papel para cubrirme la cabeza, mientras mi anfitrión oraba al Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob; a ese “Adonai” que también es mi Señor, en el improvisado escenario de una minúscula pieza de pensión en la Calle Lincoyán, casi al llegar a Maipú, en el centro de Conce. Estando también al frente de la parroquia penquista de San José, comprendí de inmediato que estaba ante una forma de dirigirse a Dios, que prefiguraba el modo en que los discípulos de Jesús nos plantamos ante la trascendencia. Como “Pésaj” ocurre siguiendo el mismo calendario lunar que rige los tiempos de la Iglesia, la Pascua Judía se celebra, al igual que Semana Santa, cerca del comienzo de nuestro año laboral-estudiantil, así que no pasó mucho tiempo antes de que viera por primera vez unas cajitas llenas de lo que, a mis ojos, parecían galletones dietéticos. Era la “matzá”, el “pan ázimo” de los Evangelios, sin levadura, a cuyo tributo, la Iglesia confecciona las hostias, también sin leudar, para que se transfiguren en el Cuerpo de Cristo, que recibimos en cada misa.

Sé que es una cuestión muy controvertida y que la debo mencionar desde la humildad de alguien que habla sobre el judaísmo, mirándolo desde fuera, pero lo voy a decir igual. Pienso que lo que define la identidad judía (o hebrea en sentido más amplio) es lo que el padre carmelita de origen judío, Elías Friedman, llama el “factor de la elección”, es decir, la circunstancia de pertenecer al “Pueblo Elegido”, en cuyo seno debía nacer el Mesías. Es la relación con Dios lo que hace a los judíos ser lo que son y no algo distinto. Y aunque no es una afirmación que pueda comprobar estadísticamente, me parece que los alternativos enfriamientos y entusiasmos de las comunidades judías en su religión, tienen mucho que ver con las alternativas tendencias hacia la asimilación y hacia la afirmación de la singular identidad judía. Si hay algo que la historia de los judíos enseña es que los seres humanos conseguiremos ser lo que debemos ser, sólo si nuestra mirada está puesta en lo alto. 

Ojalá meditemos en estos días (que el Viernes y el Sábado Santo son para meditar y ayunar, no para atracarse con mariscos) sobre la íntima vinculación existente entre la historia humana y la presencia divina, que la trayectoria del pueblo judío evidencia en tantos pasajes, con tanta porfía.

martes, 17 de septiembre de 2024

17 de Septiembre de 1944. Hace 80 años. Operación Market Garden.

  El 6 de junio de 1944, los Aliados habían desembarcado con éxito en Normandía. En las semanas siguientes, a pesar de la feroz resistencia alemana, los Aliados consiguen avanzar hacia el interior de Francia y París es liberado en agosto. La Batalla de Normandía es nada menos que un desastre para Alemania, que también sufre el embate de la llamada "Operación Bagration", una ofensiva del Ejército Rojo en el Frente Oriental, que acabaría pulverizando al poderoso Grupo de Ejércitos del Centro de la "Wehrmacht", que ocupaba Bielorrusia desde junio de 1941.


Para mediados de septiembre de 1944, los Aliados han liberado Bélgica, pero la frontera de esta nación con Alemania no es el lugar más apropiado para una gran ofensiva hacia el interior del Reich. El mariscal británico, Bernard L. Montgomery, quien venciera a Rommel en África, idea un audaz plan para flanquear las mejores defensas alemanas y penetrar hacia el corazón de Alemania desde Holanda. Pero el territorio holandés no es mucho más fácil de transitar que las desafiantes Ardenas franco-belgas, que los Aliados han preferido evitar. El territorio del Reino de los Países Bajos es una complicada tracería de cursos de agua, atravesados por innumerables puentes, cuyo control es clave para cualquier atacante que quiera prevalecer. Así que "Monty" planea usar una enorme fuerza de 35.000 paracaidistas y tropas aerotransportadas en planeadores, que deberán ocupar una serie de puntos estratégicos, desde Eindhoven por el sur, hasta el puente de Arnhem, ubicado sobre el Bajo Rin y que permitía el paso hacia la Renania Alemana.


La operación consiguió liberar gran parte de Holanda, pero no consiguió una "puerta trasera" para los Aliados hacia Alemania. En Arnhem, los paracaidistas británicos no pudieron conservar el puente ante los contraataques alemanes y tuvieron que ser evacuados, luego de perder dos tercios de sus efectivos. 


Es cierto que el Ejército Alemán venía muy golpeado y en retirada. Pero no estaba vencido del todo. No todavía, al menos. El alto mando aliado no cometió realmente el error de elaborar un plan inadecuado, ni de ser demasiado audaz. Lo que ocurrió es que cometió el gigantesco error de subestimar al soldado alemán, cuya capacidad de recuperación y de combate era inigualable. Miles de soldados aliados pagaron un precio muy alto debido a ese error.


La operación ha dado origen a numerosa literatura y documentales, así como a la que, a mi juicio, es la mejor película de todos los tiempos: "Un Puente Demasiado Lejos".


La imagen captura el momento en que los paracaidistas aliados caen tras las líneas alemanas en Holanda, el 17 de septiembre de 1944 (https://www.annefrank.org/es/timeline/90/operacion-market-garden/)


miércoles, 14 de febrero de 2018

¿Por qué?







¿Por qué?



¿Por qué tiemblo cuando estoy contigo, si no te tengo miedo?

¿Por qué me falta el aliento a tu lado, si eres mi oxígeno?

¿Por qué muero en tu abrazo, si eres mi vida?

¿Por qué deseo ser tu siervo y, al mismo tiempo, me haces ser más libre?

¿Por qué mi corazón se agita en tu presencia, si eres mi descanso?

¿Por qué me estremezco con tus besos, si eres la fuente de mi calma?

¿Por qué siento que te he conocido toda la vida, aun antes de hallarte, amando la promesa de tu existencia?

Dame, amante tan amada, en tu beso, las respuestas.

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